Hay imágenes que hablan de nosotros mismos, de nuestra memoria, del recuerdo atesorado, personal e intransferible, que se precipita por el abismo de los años perdidos y jamás recuperados. Escenas que configuran el conglomerado de nuestra propia eternidad, esa que parece difuminarse con el paso del tiempo y construye la fortaleza de nuestros tesoros más preciados.
Así ocurre con la entrañable fotografía que forma parte del patrimonio histórico de la Hermandad de la Agonía. Una hermandad que ha ido construyéndose a golpe de sentimiento por sus cofrades y su barrio, aprendiendo de cada desafío afrontado y superado. Como ocurrió cuando tomó la determinación de enfrentarse a la odisea de plantarse en el centro de Córdoba, enfrentando la creencia, defendida por muchos, de que estaban rematadamente locos.
Lo lograron, como han logrado construir una cofradía sobre la fe y el amor verdadero al Santísimo Cristo de la Agonía y a la Madre del Redentor, la Virgen de la Salud. Y con cada retazo de memoria colectiva que se reparte por los cuatro vientos, sus hermanos viven con orgullo el camino recorrido hasta llegar al punto exacto en el que se hallan; con la presencia de su dolorosa bajo el cielo de Nisán, vislumbrándose en el horizonte inmediato.
Pero antes, mucho antes, fue el tiempo de las pequeñas conquistas y la construcción de los sueños, como el que se materializó el día en el que ocurrió su primera salida procesional. Fue un Lunes Santo, fecha en la que la cofradía inundaba las calles del Naranjo, hasta que su presencia en Carrera Oficial obligó a convertir los lunes en martes. Una imagen que atesora el recuerdo de quienes ya no están, realizada en 1980, de aquella primera salida, que habla por sí misma y de la evolución evidente, de una cofradía que, precisamente este año, se ha convertido un poco de la cofradía de todos los cordobeses.





