Córdoba, Portada

Así es, al detalle, la espectacular bambalina frontal del nuevo palio de la Virgen de la Piedad

Una magnífica joya, bordada por Francisco Pérez Artés, en base al diseño proyectado por Julio Ferreira y Manuel Jiménez, caracterizado por el estilo decorativo afrancesado y se nutre de una impronta rococó tan característica del contexto del siglo de oro francés

Tal y como anunció Fran Martínez, durante la campaña electoral que culminó con su elección como Hermano Mayor de la Hermandad del Prendimiento, la corporación salesiana está inmersa en la ejecución del diseño del paso de palio de la Virgen de la Piedad. Así lo aseguraba el máximo representante de la Hermandad tras subrayar su deseo de «que Nuestra Señora de la Piedad luzca con todo el esplendor que Ella se merece y la ciudad de Córdoba se haga partícipe de su Piedad Salesiana, esa misma piedad que San Juan Bosco comenzó en la Casa Pinardi y que ha llegado a todos los confines del planeta».

Con la mirada puesta en la materialización de este ilusionante objetivo, la Hermandad ha presentado y bendecirá este miércoles 8 de diciembre, en el Santuario de María Auxiliadora, la magnifica bambalina frontal del altar itinerante de la dolorosa de Juan Martínez Cerrillo, en una jornada en la comienzan a hacerse realidad los sueños de los hermanos de la cofradía y de buena parte del pueblo de Córdoba, que arde en deseos de que la Virgen de la Piedad procesione en el paso de palio que corresponde a una de las hermandades esenciales de la Semana Santa de Córdoba. Una espectacular joya en base al diseño proyectado por Julio Ferreira y Manuel Jiménez que, en enero de 2016, comenzó a tomar forma y a hacerse realidad, en oro fino sobre terciopelo azul Prusia, en el taller del bordador cordobés Francisco Pérez Artés.

El hermano mayor de la corporación salesiana, Francisco Martínez, ha afirmado al respecto de la pieza que «se trata de una pieza que marcará un antes y un después en la historia de nuestra corporación, y, por ende, de la Semana Santa de Córdoba. La primera piedra del nuevo paso de palio de la Santísima Virgen, que, si Dios quiere, con el apoyo de todos sus hermanos, iremos completando poco a poco en sucesivos años». Además, ha añadido que «aunque por circunstancias me ha tocado vivir este momento como hermano mayor, no puedo olvidarme de aquellas personas que me antecedieron en el cargo y que fueron parte fundamental del proyecto, D. Juan Carlos Sanz Armada y D. Juan Manuel Baena Durán. Asimismo, no quisiera olvidarme de la comisión de hermanos que puso en marcha esta idea, y, sobre todo, de los hermanos que durante todos estos años han contribuido con sus donativos a que este proyecto sea una realidad”.

Los artistas también han tenido la oportunidad de explicar la maravillosa obra que han confeccionado. Julio Ferreira Gaspe, junto con el mayordomo de la corporación, Francisco Javier Espejo, han destacado que «al tratarse de una pieza excepcional en cuanto a la riqueza de las técnicas empleadas, el volumen alcanzado y la plasticidad que proyecta en conjunto, conviene analizarla desde un punto de vista contextual con el fin de matizar y aproximarnos a las claves artísticas que permiten su óptima comprensión”.

Estamos ante un diseño caracterizado por el estilo decorativo afrancesado, que nace al albor de Luis XIV y luego se refinó con Luis XVI, y se nutre de una impronta rococó tan característica del contexto del siglo de oro francés. En palabras de Julio Ferreira, «tomando en consideración las bases ornamentales creadas por Jean Berain y Antonie Watteau, dos artistas esenciales en la evolución al rococó francés, en un momento en que los grandes diseñadores alcanzaron una notable importancia. Precisamente debemos subrayar que cuando tratamos el arte de este momento, no podemos excluir la decoración interior del terreno propiamente arquitectónico, a pesar de considerarse como una de las artes mayores del momento, ya que la labor emanada de estos diseñadores resultó trascendental para evolucionar de esa influencia barroca italiana que triunfaba en las academias del XVII al rococó francés. Por tanto, esto nos permite ser conscientes de la unicidad del estilo artístico que nutre a la bambalina, provocando una ruptura de los cánones asentados en la historia del diseño y bordado que bebían del lenguaje regionalista o barroquizante, a usanza de lo que ocurrió en pleno tránsito del XVII al XVIII en el ámbito cortesano francés si trazamos un paralelismo».

Añade Ferreira que «ello se cristalizó en el plano de las artes decorativas, alcanzado una gran renovación constatada en la Francia de finales de siglo que se tradujo en la riqueza de los nuevos motivos ornamentales que bañaban todas estas piezas. Llevando a cabo una extrapolación, al focalizarnos en el diseño de la propia bambalina, se observa cómo recoge toda esta coyuntura artística, constituyendo una simbiosis de diferentes motivos que materializa ese tránsito artístico hacia nuevas formas articuladas por los diseñadores anteriormente citados. De esta manera, tanto en la parte central como en los laterales se extienden en candelieri toda una rica ornamentación que deriva de los profusos relieves escultóricos extendidos en la arquitectura renacentista y que se convirtió en uno de los elementos consustanciales a la evolución de los diseños de Bérain y Watteau. Por su parte, la parte superior de la bambalina, tanto en los ejes laterales como en el central, se corona con un meandro, que constituyó uno de los préstamos orientalizantes en el repertorio rococó, mostrando ese vocabulario ecléctico que refleja el propio diseño de la bambalina fruto no sólo del gusto por la decoración clásico-renacentista como muestran los candelieri, sino también tomando fuentes visuales de Etruria, Persia, Egipto, etc., reflejando esa diversidad e historicidad de las culturas que caracterizó la significación simbólica del ornamenta rococó y que se recoge en la propia bambalina.»

En la concepción que desarrolla el conjunto proyectado, los candelieri bañan toda la parte central y laterales, rematándose la parte superior, como apuntaba anteriormente Ferreira, con un meandro oriental como tipológicamente refiere la ornamentación propia de este momento, así como diferentes conchas, en diferentes formas y volúmenes, que refuerzan la plasticidad de la obra a través de sus múltiples volúmenes, copas con diferentes variedades florales, palmas, malla y acantos. Unas conchas que servían para ornamentación de grutas que decoraban desde el Renacimiento los jardines cortesanos. Por otro lado, la parte inferior se encuentra marcada por la clásica guirnalda floral anudada a los acantos que son las que recortan la parte inferior de las que pende el fleco, dejando unos huecos libres de terciopelo y malla, cuya aparición se justifica por el gusto hacia lo clásico en un momento en que existía una clara inclinación hacia ese despliegue ornamental de claras raíces grecorromanas que posteriormente tornaría al gusto neoclásico, formalizando esa idea de eclecticismo ornamental tan presente en la época.

De igual forma, sobresalen los arabescos que simetrizan los laterales de la misma. De esta manera destaca la evolución de las formas ornamentales que realzan el culto a la naturaleza y la arquitectura como bien cristalizan estos elementos extrapolables a todo el panorama artístico del momento. Un motivo que, en un momento en el que la academia francesa triunfó de la influencia barroca italiana, en los modelos de los bordados y en el arte de los conocidos “parterres” (diseños de los jardines cortesanos a base de lechos florales siguiendo un esquema simétrico) desde el siglo XVI, conoció un nuevo despegue, tomándolo como referencia el propio Jean Bérain en sus ornamentos de superficie.

Según Julio Ferreira, «esto es una constante en todo el panorama rococó, puesto que el propio Watteau explotó también dichos arabescos, destacando el delicado enmarcado que adquiere una elegante finura como bien refleja la propia bambalina y que son definidos por estos diseñadores. Todo esto define a la perfección la articulación ornamental de la bambalina que toma el modelo de estos diseños que fueron difundidos a través del grabado, extendiendo por consiguiente la moda rococó y que permite que en pleno siglo XXI contemos con piezas de gran calidad, afines a esa estética francesa, siguiendo un estudio e interpretación exhaustiva de la misma como la realizada por Julio Ferreira, como la bambalina que a partir de ahora pasará a enriquecer el altar itinerante de Nuestra Señora de la Piedad.»

Por aterrizar más si cabe la nueva pieza al terreno de lo concreto, la bambalina consta de tres elementos en simetría y dos intermedios sobre una tonalidad azul prusiano. Para su concepción se ha seguido el mencionado estilo decorativo afrancesado, partiendo de las bases ornamentales creadas por los ya citados Jean Berain y Antonie Watteau, dos artistas esenciales dentro de la evolución al Rococó francés del siglo XVII, sin duda los grandes revolucionarios de la época.

La parte central y laterales resurgen en candelieri ascendente con motivos que se repiten en toda la obra, con una parte superior con un meandro oriental, fundamental en la ornamentación del periodo en el que Jiménez y Ferreira se han basado, conchas en diferentes formas y volúmenes, copas con diferentes variedades florales, palmas, malla, y acantos que sufren una evolución ligera o transformación hacia lo que mas tarde seria la “rocalla”.

Sin duda, lo que más llama la atención en el diseño son dos elementos decorativos importantes, el primero, es la clásica guirnalda floral (elemento importante de la arquitectura clásica con la que se adornaban los templos) anudada a los acantos que son las que recortan la parte inferior y que de ellas cuelga el fleco dejando unos huecos libres de terciopelo y malla, y el segundo quizá, el mas llamativo de la obra, es la evolución de un elemento clásico como el arabesco, un elemento clásico, que se usa sin interrupción desde el siglo XVI hasta el XIX pero seria Berain y Watteau los que lo evolucionan y se define en el XVII como “nuevo arabesco”.

Sin duda la bambalina es una pieza que tiene una base barroca en las simetrías pero con evoluciones importantes a lo que mas tarde seria un estilo predominante en Europa rococó, en la que todavía la arquitectura sigue siendo ligera y definida, y esta evolución en el tiempo, pasó un poco de puntillas debido a la rapidez en que esas nuevas formas ornamentales que realzaban el culto a la naturaleza ,inundaron el arte europeo ,sobre todo en Francia y Alemania.

Fue el domingo 26 de enero de 2014 cuando, bajo mandato de Juan Carlos Sanz Armada, los hermanos de la hermandad del Prendimiento, reunidos en Cabildo, determinaron las líneas artísticas que habrían de marcar el futuro a medio plazo de una de la hermandad, demostrando la madurez que ha de tener una hermandad llamada a ser de las más grandes de la ciudad de San Rafael. Tras seis horas de deliberación, la asamblea de hermanos aprobó nada más y nada menos que el proyecto del nuevo paso de misterio de Nuestro Padre Jesús, Divino Salvador, en su Prendimiento, el proyecto del nuevo paso de palio para Nuestra Señora de la Piedad y el que sería nuevo hábito penitencial del cortejo nazareno, casi nada.

Un proyecto que ahora, concluida la talla completa del paso de misterio de la cofradía en las postrimerías del mandato de Juan Manuel Baena, comienza a complementarse, con la primera de las flamantes piezas del bordado del nuevo palio de la Virgen de la Piedad. Los hermanos de la corporación salesianas pueden empezar a aterrizar el sueño del palio que siempre han deseado para la Virgen de sus amores.