Así es el cartel de César Ramírez para la Pastora de Cantillana

La Casa de Cultura de Cantillana ha sido el escenario elegido para desvelar la última obra de César Ramírez, el cuadro anunciador que ha concebido para anunciar las Fiestas Mayores de la localidad, celebradas en honor a la Divina Pastora. Fue el pasado mes de junio cuando la junta de gobierno de la Hermandad de la Divina Pastora de Cantillana, fundada y establecida en su parroquia el año 1720 por el Venerable fray Isidoro de Sevilla, designó al sevillano César Ramírez Martínez para que tuviera el inmenso privilegio de ilustrar con su arte las Fiestas Mayores que cada 8 de septiembre celebra la localidad sevillana en honor de la Divina Pastora. Un auténtico honor ya que se trata de una de las devociones letíficas esenciales de cuantas configuran la geografía de la religiosidad popular andaluza.

La obra, titulada «El ocho divino«, es técnicamente un óleo sobre tabla de 100 por 70 cms. donde se dibuja un gran OCHO conformado por una aureola de estrellas y flores que acoge en su interior la imagen de la Divina Pastora en todo su cromatismo desde la perspectiva que se ofrece cuando está en su camarín o reinando por las calles de Cantillana, la Divina Pastora se recorta sobre los colores de la bandera de España acentuando su imagen icónica que ofrece en su salida procesional, colores que atraviesan con finura los encajes de su sombrero sobre el que revolotean palomas de septiembre anticipando los momentos de la calle Martín Rey. La oveja y el Buen Pastor acompañan a la Virgen de Cantillana en tonos sepias para que Ella sea la reina indiscutible de la obra sobre el celeste divino y leyendas que enmarcan en tonos dorados y blanco todo el conjunto para formar una imagen única y perfectamente reconocible de manera inmediata por todos los pastoreños.

César Ramírez Martínez, figura esencial del actual panorama de la ilustración religiosa, nació en Sevilla en 1970. Con apenas 10 años ingresa en la extinta Academia de Dibujo y Pintura de Luis Pajuelo y Luis Montes, donde se preparaban los exámenes de acceso a la Facultad de Bellas Artes. De esta forma se inició primero en la técnica del carboncillo y posteriormente en la pintura al óleo participando en exposiciones colectivas y realizando numerosos encargos particulares. Ya en la etapa universitaria realizó sus estudios en la Escuela Técnica Superior de Arquitectura de Sevilla.

Durante el estudio de la carrera y años posteriores, sus esfuerzos artísticos y académicos se dedicaron principalmente en la Arquitectura, hasta que el reconocido Taller de Pintura y Restauración de Manuel Antonio Ruiz-Berdejo le abre sus puertas. Retoma entonces con fuerza la pintura y se centra en la realización de retratos, pintura cofrade y paisajes urbanos, así como distintos carteles de hermandades de penitencia, como la Magna Mariana de Écija en 2015 o la Semana Santa de Sevilla en 2016. En 2018 se convierte en el ganador del concurso de ideas convocado por el Ayuntamiento hispalense con su diseño para la portada de la Feria de Abril, año en que también realiza el cartel del Cautivo de Málaga, de la Exposición “Grande de León, 25 aniversario profesional” de Sevilla y del 75 aniversario de la hechura del Santísimo Cristo de las Aguas. Además, recientemente ha ilustrado la Romería de 2019 de la Hermandad del Rocío de Triana, la Magna de Córdoba y la Romería de Nuestra Señora de Setefilla.

La imagen de la Divina Pastora

Habiendo fundado Fray Isidoro de Sevilla la Hermandad de la Divina Pastora de Cantillana sobre 1720, exhortó y guió la ejecución de una imagen que representara la advocación mariana que allí había sembrado. Para dicha empresa recurrió al seguro mecenazgo de sus familiares los Condes de Cantillana, de la familia de los Vicentelo de Leca; como en otras ocasiones se vio necesitado al solicitar la ayuda de su hermano Antonio o del Marqués de la Motilla para llevar a cabo el feliz asentamiento de la devoción pastoreña en Sevilla.

El venerable capuchino debió indicar al imaginero las directrices que debía respetar en la ejecución de la talla, que no fueron otras que las señaladas en sus obras de la Pastora Coronada o la Mejor Pastora Asunta, respecto al canon establecido para la representación artística de la nueva advocación. La Pastora cantillanera se adecua a estos requisitos que quedaron zanjados y resueltos definitivamente en las Actas Capitulares de los Capuchinos de 1742 y en la obra isidoriana de la Vida del V. P. Fray Luis de Oviedo. En esta última obra indica que si alguna imagen de la Divina Pastora no siguiera este canon no se puede llamar Pastora, aunque más Pastora la voceen. Y en Cantillana como tal la vocean, puesto que encarna fielmente el deseo, casi obsesivo, de su padre fundador.

El resultado iconográfico es embelesador: una talla de 1´07 cm, ricamente estofada, policromada y encarnada representa a María en la dulce advocación de Pastora. El carácter tan infantil y aniñado del rostro delatan a una jovencita de no más de quince años, oscilación similar a la de María en el momento de la Anunciación, si tenemos en cuenta la temprana edad con que las jóvenes judías se desposaban. Este carácter infantil, bastante preferido en el barroco sevillano por la eterna juventud que representa, se acentúa gracias a los frescores empleados en la encarnadura, el rasgado de los ojos, o el juego oculo-labial que produce la fusión de estados anímicos opuestos y que provoca una expresión de armonía, equilibrio, misticismo, serenidad, gracia y belleza… que difícilmente pueden explicarse. No sólo fueron las finas gubias las que otorgaron belleza a esta imagen de la Divina Pastora sino también la ornamentación rocalla que abunda por toda la talla, tanto en el tratado del estuco como en el del estofado. Por si aún no se había conseguido plasmar solemnidad y gracia en esta obra artística, el esmero en la talla de la vestimenta las intensifica: ceñida y envuelta por un manto verde, con pellica, túnica roja, camisa salmón y camisa blanca de interior; todo ello dispuesto mediante pliegues y recogidos muy elegantes, acordes a la moda señorial de la época y a las exigencias iconológicas de la advocación que representa.

Desde 1934 se viene atribuyendo al insigne imaginero Francisco Antonio Ruiz Gijón. Fray Juan Bautista de Ardales es el adalid de dicha atribución, estableciéndola entre el mencionado imaginero y algún discípulo suyo. Desde entonces, los investigadores han considerado obvio mantener la atribución dentro de estos márgenes, así, mientras unos se decantan por el mismísimo autor del “Cachorro”, otros, como Jorge Bernales Ballesteros la fijan entre sus herederos. Las últimas investigaciones realizadas por el método analógico, aplicando en la talla de Cantillana los grafismos de Gijón y comparándola con otras de sus obras, como el conjunto de Santa Ana y la Virgen Niña de la Iglesia de la Magdalena de Sevilla y la Divina Pastora de Santa Marina, apuestan por la atribución a Ruiz Gijón. De ser así, la Divina Pastora de Cantillana pudo ser realizada en el taller de Gijón ubicado por aquel entonces en el número 57 de la actual calle San Luis de Sevilla, de donde también saldría la Divina Pastora de Santa Marina.

Desde su llegada a Cantillana en el primer cuarto del siglo XVIII hasta hoy, la imagen de la Divina Pastora recibe culto en la Iglesia Parroquial de esta villa. Fue ubicada en varios retablos hasta que en 1901, con el beneplácito del Arzobispo de Sevilla y Hermano Mayor Perpetuo de la Hermandad don Marcelo Spínola y Maestre, se realizó el precioso y definitivo camarín que hasta hoy la acoge, sometido a los pinceles de los afamados pintores Ricardo López Cabrera y José Jiménez Aranda. La conservación de esta imagen siempre ha sido un afán para los cantillaneros, como quedó demostrado en 1936, cuando la Hermandad, previniendo el saqueo del templo parroquial, acordó esconderla en el hueco de una chimenea tapiada de la casa cercana de una hermana. Si entonces se mostraron valientes sus hermanos, más en 1931, cuando a pesar de no procesionar en Cantillana ninguna imagen debido a la difícil situación socio-política que atravesaba España, la Divina Pastora lo hizo, y con un fervor indescriptible.

Tratar de explicar la iconología de la Divina Pastora de Cantillana sería interminable. Baste citar algunos de los símbolos que la envuelven: la estrella que posa en la cabeza de su oveja indica que éste es el Cordero de Dios, Sol matutino del Apocalipsis que señala a María Pastora como Aurora del Astro esperado; la paloma que pende sobre su frente con rayos de oro la señalan como anticipación de la Nueva Creación en Jesucristo; el rosal que la cobija viene a ser la acumulación de las Ave María, las rosas que las ovejas llevan en su boca para que ella las tome; el sombrero, de tan pastoril esencia… Éste último ha recogido toda la pasión que los cantillaneros sienten por su Divina Pastora, lo que explica la amplia variedad de sombreros que posee, desde el siglo XVIII hasta hoy. Estos siguen el modelo dieciochesco que pintores como Watteau, Carnicero Mancio o Paret y Alcázar recopilaron en sus obras; confeccionados en variados textiles, en oro, plata, pedrerías y un sin fin de flores y frutos que lo ornamentan. Posteriormente a su llegada a Cantillana, la imagen de la Divina Pastora se acompañó de manera habitual por una imagen de un Niño Dios de muy buena factura, atribuida a la escuela montañesina. La imagen del niño posee un rico y variado ajuar.


Fuente Documental | Hermandad Divina Pastora