Cirios apagados en la Campana

Desde el mundo científico hasta el de la información el experimento conocido como “ensayo y error” aparece en un sinfín de campos. La finalidad de este método pasa por probar una alternativa para ver si funciona. Si finalmente es así, nos encontramos con una solución. En caso contrario uno puede poner en marcha tantos ensayos como crea necesarios, por lo que las alternativas son abundantes. Eso sí, dependiendo del campo en el que nos encontremos. En el caso de la Semana Santa, el Miércoles Santo tiene tantos como variables puedan darse en cuanto al orden de las corporaciones en la nómina de la jornada. Así que el resultado es el de un nutrido tablero atestado de cambios.

Por detrás de la Madrugada, la jornada del Miércoles Santo es la que más necesita de un arreglo urgente. Pero en los últimos años no hemos reformas en este día, yendo a parar los esfuerzos del Consejo hacia la Madrugada o el Martes Santo. Suponiendo que la jornada del Martes esté arreglada en cuestión de horarios —otra cosa es la llegada de San Esteban a una Campana vacía— y en vistas de que la Madrugada ha probado varias alternativas, ¿no es hora de que ya le toque el turno al Miércoles Santo? ¿Qué pasa con esta jornada que también tiene dificultades desde hace años?

En cuestión de cambios encontramos un precedente en 1990. Durante aquel Cabildo de Toma de Horas, a la Hermandad de las Siete Palabras se le posicionó en último lugar. Un decreto vicarial que había que cumplir a rajatabla, pero la cuestión no quedó ahí. Cuando el cortejo llegó a La Campana fue un notario el que pidió la venia, rechazando esta petición el palquillo. ¿Y qué sucedió posteriormente? En señal de protesta por el retraso acumulado los hermanos apagaron los cirios, las bandas no tocaron y los dos primeros pasos transcurrieron sin música a lo largo y ancho de la carrera oficial. Veinticinco minutos que dejaron San Bernardo, la Lanzada y los Panaderos y que provocaron un importante parón. Y un esfuerzo por parte del Cristo de Burgos y el Baratillo que de poco sirvió.

El próximo año se cumplirán treinta años de este hecho, y este curso que comienza en septiembre tiene entre los temas pendientes el arreglo de una jornada que lleva atravesando problemas desde hace más tiempo del que se cree. Entre las soluciones propuestas hay quien pretende sacar adelante la idea de mandar a las Siete Palabras al último lugar, argumentando la cercanía del templo con el centro histórico. Si ya se conoce cómo acabó este capítulo, ¿por qué no probar otra alternativa?