Se siguen produciendo las presentaciones de carteles de cara a la próxima Semana Santa. Una de las últimas localidades andaluzas en hacerlo ha sido Estepona, que cuenta ya en su patrimonio artístico con una maravillosa obra de Juan Miguel Martín Mena.
Martín Mena ha utilizado una técnica mixta sobre tabla con acuarela, grafito, acrílico y bolígrafo en un formato de 70×100 cm.
Este gaditano afincado en Dos Hermanas ha realizado una obra con una composición triangular en la que se erige una especie de gran catafalco para entronizar el cuerpo yacente de Jesús presidido por su Santísima Madre Nuestra Señora de la Soledad. En contraposición al carácter clásico y regio de la obra, la leyenda de “Semana Santa de Estepona” se dibuja en trazos dinámicos aportando movimiento y frescura a lo estático de la composición.
La paleta de colores es sobria, predominando los grises y tonos pardos que van avivándose y saturando conforme sube la mirada, creando así una evolución ascendente de la historia recorriendo varios niveles y estados.
En la parte inferior, el cuerpo de Cristo reposa sobre una fría piedra de mármol. Debajo, la Muerte, en la penumbra, lo invita a acompañarla. Pero hay dos detalles que nos dicen que ese hombre no ha muerto, al menos definitivamente. Si nos fijamos en la mano de ese esqueleto nunca llega a tocar la de Jesús, por lo tanto, deducimos que la Muerte no llega a estar en contacto con ese cuerpo, por lo que la condición humana de Jesús es vulnerable, pero sigue intacta. Por otra parte, tampoco ha muerto su naturaleza divina como Hijo De Dios, puesto que su divinidad sigue brillando en un gran nimbo que corona su cabeza.
María, mayestática, soporta con entereza este trance, erguida como Junco Sagrado, irrompible. Mirando directamente al espectador e introduciéndolo en la Escena. Porta la corona de espinas demostrando su papel como testigo presente en primera persona de la Pasión de su Hijo. Simboliza la soledad de María, una soledad en la que nunca estuvo sola.
En la parte superior, coronando este catafalco en forma de retablo Dios Padre, se nos muestra que todo ha sido un plan, un plan consumado que sostiene con sus propias manos y recogido en ese calvario solitario que se recorta en el Orbe y que los cristianos tomaremos como icono y ejemplo de Plan de Salvación.





