Córdoba

Así es Nuestro Padre Jesús en su Coronación de Espinas, la nueva obra de Salvador Guzmán para Moriles

El pasado 18 de febrero de 2023, la joven hermandad de Ntro. P. Jesús en su Coronación de Espinas de Moriles (Córdoba) presentaba oficialmente su imagen titular, que fue bendecida por el Obispo de Córdoba, Mons. Demetrio Fernández González.

Esta nueva escultura, obra de Salvador Guzmán Moral, representa el momento evangélico pasionista de la Coronación de Espinas. Una iconografía que adquirió gran difusión en el arte cristiano a partir del siglo XIV como consecuencia del culto a las espinas de Cristo, reliquias sagradas que adquieren un protagonismo notable en aquella época. Y de la que la imaginería cofradiera andaluza ha dejado magníficos ejemplos en distintos momentos históricos, desde el Barroco hasta la actualidad. En estas representaciones, Cristo suele aparecer sentado, entronizado, en un estrado o piedra, con la corona de espinas en la cabeza, cubierto con un manto rojo, maniatado y sujetando una caña a modo de cetro.

La nueva imagen de Cristo en su Coronación de Espinas realizada por Salvador Guzmán responde a los acontecimientos evangélicos, pero también pretende reflejar de la forma más coherente posible su correspondencia con la realidad histórica de cómo pudieron ser los acontecimientos pasionistas. Para ello ha tomado en consideración como fuente literaria las visiones de Ana Catalina de Emerick, una mística católica alemana del siglo XVIII beatificada por el Papa Juan Pablo II, que describe los sucesos pasionistas en un relato detallado, profundo y veraz en el que se basó Mel Gibson para su película “La Pasión”.

Una escultura figurativa de carácter naturalista con tintes realistas y de bulto redondo, de una altura de 1,45 m y proporciones del natural, tallada en madera de cedro y policromada al óleo.

Presenta a Cristo sentado sobre una rústica banqueta de madera, como la que describe Emerick en su visión, con el cuerpo ligeramente vencido hacia delante, dejando caer su peso en los brazos, que a su vez se apoyan en las piernas. Una composición que se aleja del estereotipo de quietud expresiva e idealización y que toma como inspiración formal y compositiva la escultura helenística conocida como: “Luchador en reposo” o “Púgil de la Termas”, una escultura griega datada aproximadamente entre los años 330 y 50 a.C., descubierta en el siglo XIX durante las excavaciones arqueológicas realizadas en el monte Quirinal, una de las siete colinas de la ciudad de Roma.

Esta escultura helenística es unos de los mejores ejemplos dentro del arte griego de las realizadas en bronce que han llegado hasta la actualidad y posee ese naturalismo cotidiano de un cuerpo sentado y cansado, que Guzmán ha querido trasladar al momento de los ultrajes y burlas a Cristo.

En el análisis de la cabeza del Señor se advierte una viva muestra de la posibilidad de conjugar una búsqueda de belleza divina, con dosis apropiadas de dramatismo y de patetismo, que ahondan en el profundo trasfondo psicológico de Jesús.

En su rostro destaca una nariz aguileña, como corresponde al fenotipo semita, y su boca entreabierta permite ver la lengua y los dientes. Los labios presentan sequedad, propia del estado de deshidratación de un hombre que llevaba más de medio día sin ingerir líquidos y que sufrió una gran pérdida de sangre en la flagelación a la que había sido sometido.

Sus párpados edematosos, enmarcan unos ojos entreabiertos de cristal, que dirigen su mirada hacia adelante, con fruncimiento de cejas y que se hacen más veristas con unas pestañas de pelo natural. El cabello largo y ondulado cae sobre sus hombros, con la característica barba bífida, que se han trabajado a base grandes mechones, en un asumido y definido tratamiento que toma su fuente de inspiración de la escuela neobarroca sevillana.

Las características topo-anatómicas faciales del Cristo de la Coronación de Moriles se basan en aspectos extraídos del estudio de la Síndone de Turín y que han sido desarrollados por el profesor e imaginero Juan M. Miñarro; así presenta una fuerte contusión en la región malar derecha, que apunta a que fuese producida por el golpe de un objeto similar a un bastón. Es la lesión conocida en la producción imaginera como la resultante de la llamada “bofetada”, como lo traduce la Vulgata.

El cuerpo del Señor de la Coronación presenta un preciso estudio anatómico naturalista, en el que aparecen heridas que son del todo realistas, con una interpretación de lesiones basadas en estudios forenses de lo que el poeta romano Horacio llamó “el más cruel e inhumano castigo”: la flagelación.

Las normas que regían la flagelación para los judíos, recogidas en el Deuteronomio, establecían un límite de 40 azotes para el condenado; pero si partimos de la Sábana Santa, como testimonio de aproximación al martirio de Jesús, su flagelación se realizaría según la jurisprudencia romana, que no establecía límite en el número de azotes, pues la Síndone triplica dicho número, permitiendo calcular que fueron más de 100 azotes los que recibiría el reo. Por tanto, y aunque resulte sobrecogedor, debemos imaginar a un hombre destrozado cuando los soldados concluyeron su castigo.

La flagelación se realizaría con el “flagrum taxilatum”, un látigo formado por un pequeño mango del que salen tres correas de cuero, rematadas por los llamados taxiles, que causarían unas características heridas contusas de formas circulares pareadas, con el pertinente foco hemorrágico y sangre, que se interpreta en relieve la forma de regueros, gotas de sangre y desgarros de la piel.

A pesar de que sabemos por la Síndone de Turín que en la cabeza le colocarían un casco de espinas, el Cristo de Moriles presenta una amplia corona tallada con forma de gruesas ramas trenzadas con espinas naturales de acacia, que forman bloque con el pelo, en la línea más características del quehacer de los grandes maestros del barroco hispalense.

El Señor de la Coronación presenta un sudario o paño de pureza, de sencillos pliegues, que forma un amplio nudo que cae por su parte izquierda. Los brazos se cruzan por delante y las manos aparecen maniatadas con una cuerda de yute natural, colocándose la derecha sobre la izquierda, con los dedos semiflexionados cogiendo la caña. La talla se ve realzada por una cuidada policromía al óleo a base de veladuras y pátinas.

La representación se completa con un manto textil de color rojo, como el que se le puso a Jesús después de su flagelación y que debió ser o bien un paño de uso militar, como una vieja clámide similar a los uniformes desteñidos de los legionarios romanos o, más probablemente, una tela usada o desechada, como la manta de una caballería, que se le coloca cayendo sobre el brazo izquierdo.

La base o peana de la escultura está terminada en la forma y el color característico de la tierra llamada albariza propia de los viñedos de Moriles Altos; a los que se alude, además, con la presencia de un racimo de uvas, que también es símbolo eucarístico. El vino simboliza la sangre de Cristo y también significa la transformación de Dios en un ser humano.

Otros elementos simbólicos presentes en la escultura son: el caracol y la cabeza de serpiente. Situados entre las varetas de la corona de espinas se esconde un caracol, símbolo del padecimiento, de la lenta agonía de la muerte a la que Jesucristo con su sacrificio vence y concluye. Y una serpiente, símbolo del pecado original, pero que en este caso también es símbolo del poder y la fuerza de Jesucristo sobre el mal que se enrosca en su cabeza, y que acaba derrotando en una perfecta alegoría del Triunfo del Amor Divino sobre la Muerte.

Con esta nueva obra de Ntro. P. Jesús en su Coronación de Espinas de Moriles (Córdoba), Guzmán no pretende repetir estampas piadosas o dulcificadas, como las que tantas veces se repiten en la imaginería contemporánea, sino conmover, despertar la fe e inspirar a sus jóvenes cofrades.