En una parroquia, que se estaba preparando para la Semana Santa, en la sacristía se encontraba su párroco, agotado porque no solamente celebra la misa sino que estaba mano a mano con su gente. En ese momento, llega uno de los niños que se preparan para la Primera Comunión, ilusionado por la Estación de Penitencia y le pregunta:
– Padre, ¿cómo soplará este año la banda?
Le mira su cura y le señala para que se acerque y le contesta:
– Hijo mío, si quieren pueden tocar la melodía de Dios. Pero para ello, tendrán que organizarse y vivir en el orden, en la humildad, en la confianza y en el amor de querer que salga el testimonio de una marcha, de una melodía, de algo que cuando se escucha tiene la mano y el corazón De Dios.
El niño, asombrado de las palabras que le dijo su párroco, le pregunta de nuevo:
– Y eso, ¿cómo se consigue?
Le sonríe, el cura y le contesta de nuevo:
– Hijo mío, si todos fueran tambores, trompetas, cornetas solamente… solo se escucharía ruido. Si cada uno de los instrumentos se someten en una batalla de querer ser el mejor y el protagonista, no habría humildad y sonaría ruido. Si cada uno de los instrumentos, no tuvieran la confianza de que una mano los dirige y los organiza para que cada uno ocupe su lugar, su protagonismo y su tiempo, el resultado seguiría siendo ruido. Y una marcha, una melodía es cuando todos son únicos e importantes, cuando se apoyan para que suene en su esplendor, cuando todos se sienten importantes y cuando todos y en confianza dejando la crítica miran a las manos de su director. Así, es la única manera que soplen la melodía de Dios.
El niño contento se marchó y le dijo:
– Ojalá sea la banda musical de Dios.
Qué hermoso sería que yo viva de este cuento, y que todos respiremos por los mismos pulmones De la Iglesia. Todos somos importantes, si miramos las manos de Dios, toda crítica tiene que ser para que me construya en esta banda que es Iglesia y además comprendo y me creo que todos y cada uno de vosotros son necesarios para mí. Que sería, de esta banda si me falta el tambor, la corneta, la trompeta, el bombo, el estandarte… sería un cura solitario, pero con todos una banda completa que sopla la melodía de Dios.
Pero me pregunto y os dejo también por si os sirve:
– ¿Quieres tocar ruido o armonía? Ten en cuenta que cada uno de nosotros somos responsables de nuestro instrumento y no del hermano que tengo a mi lado.





