El calor indescriptible que azotó con fiereza la tarde del jueves, hacía imposible presagiar que las entrañas de Córdoba se abriesen de par en par para cobijar al Simpecado de Córdoba en su peregrinar por las calles de la ciudad de un San Rafael que ya se ha subido a la carreta para acompañar y proteger a los rocieros cordobeses rumbo a las marismas de Almonte. Un calor sofocante que ha convertido en auténticos héroes a quienes integraban el cortejo rociero y también a los cordobeses que quisieron acompañar las primeras horas del transitar de la comitiva para encontrase con la mirada de la Reina de los Cielos.
A las cinco de la tarde, San Pablo era un hervidero de ilusión, nervios y ansiedad por lo que estaba a punto de acontecer. La misa de romeros, se convirtió en una sencilla y emotiva ceremonia, en la que tuvo lugar la ofrenda de la medalla que Luís Martín, Concejal del Ayuntamiento de Córdoba quiso entregar a la hermandad para que fuese prendida en el Simpecado camino de la Tierra Prometida, y que sirvió de necesario preámbulo y preparación para una tarde intensa en la que Córdoba volvió a demostrar que el Rocío ha calado con fuerza en el espíritu de la ciudad.
Alrededor de las 18:30, las puertas del hogar claretiano se abrieron de par en par para que el cortejo, precediendo a la Carreta del Simpecado, adornada magníficamente por Pinsapo, que ha vuelto a demostrar por qué se ha convertido en toda una referencia en el universo del exorno floral en toda Andalucía, tomase las calles rumbo al mayor templo de la Diócesis. A las puertas de San Pablo y a lo largo de todo el itinerario, se echó de menos la presencia de la Agrupación Musical Cristo de Gracia que en ocasiones precedentes había acompañado el devenir del cortejo rociero por las calles de la ciudad. Tras la preceptiva entrega de los ramos de flores a las puertas del Ayuntamiento, el cortejo inició su peregrinar camino de la Santa Iglesia Catedral por un recorrido alternativo derivado de las exigencias que el plan especial de tráfico que a resultas de la Feria ha establecido el Ayuntamiento de Córdoba y que ha permitido el paso de la comitiva por rincones como San Nicolás, donde una intensa petalá se derramó literalmente sobre el altar itinerante que cobija al Simpecado o la Trinidad donde tañeron las campanas para despedir a la Hermandad de la ciudad de San Rafael. Un recorrido alternativo que sustituyó al tradicional encuentro a las puertas de San Francisco, con las hermandades de la parroquia que tradicionalmente esperan el paso del Simpecado para presentar sus respetos y trasladar a los rocieros sus mejores deseos con vistas al camino que acaba de comenzar.
El cortejo, sensiblemente reducido por la crudeza de la tarde y la condición laborable de la jornada, y acaso perjudicada por la coincidencia de la Feria, pero que fue no obstante incrementándose a medida que la tarde fue mutando en crepúsculo, anunciado por los inevitables e inconfundibles cohetes y formado por caballistas y romeros de a pié, que contó con la representación de la Cena, Expiración, la Paz, la hermandad del Rocío de Jamilena y la de Montoro, ambas ahijadas de la corporación cordobesa, continuó su caminar por Doctor Fleming y Manríquez al compás del ancestral sonido de flautas y tamboriles que presagiaban la llegada del Simpecado.
A las 20:05 la procesión accedió al Patio de los Naranjos para que el Simpecado recibiera en el altar mayor de la Santa Iglesia Catedral la bendición del Manuel Pérez Moya Deán-Presidente del Cabildo de la S.I.C., quien saludó a los rocieros recordándoles que la Catedral es su casa, «el lugar donde los cristianos venimos a contemplar a Jesucristo». «Yo se que en vuestro corazón lleváis a la Virgen pero no olvidéis que es la Virgen la que os lleva vosotros» ha dicho Pérez Moya. Un paso de la comitiva por el Patio de los Naranjos y el mayor templo de la Diócesis que siempre regala maravillosas imágenes para el recuerdo como el rezo de la Salve en el altar mayor de la Catedral de todos los cordobeses.
Tras la obligada y simbólica pará en la Catedral, el cortejo reanudó su marcha atravesando la Judería rumbo a Miraflores donde como cada año se rezó la Salve en honor de la Blanca Paloma ante el monumento de la imagen que existe en los Jardines de la Virgen del Rocío y posteriormente en la Iglesia de San José y Espíritu Santo, en un sencillo acto que se ha convertido ya en tradicional y que supone la simbólica despedida de la ciudad de Córdoba por parte de una Hermandad que ya camina rumbo a la Tierra Prometida para cumplir las promesas que solamente conocen quienes las ofrecen y Ella y llevarle a la Madre de Dios el cariño de un pueblo que hoy ha vuelto a demostrar que hace tiempo que se convirtió en rociero.





















