El Cirineo, 💙 Opinión

Bienvenidos a 1936

Supongo que muchos ya se habrán dado cuenta pero he de reconocerles que la que cayó entre mis manos hace tan sólo unas horas es de las coincidencias más inquietantes que me he encontrado. Si no han caído en ello, o nadie se lo ha dicho, abran internet y busquen un calendario de 1936 como el que les adjunto. Observen detenidamente el día en que empieza el año. Fíjense luego en cuántos días tuvo febrero. Y finalmente, dediquen un instante a buscar qué día fue Domingo de Ramos. Luego comparen con el año que acaba de comenzar… acojona. ¿eh? Si se trata de una broma de mal gusto, es muy pero que muy pesada. Si es una coincidencia, es de las más inquietantes de cuantas he visto en mucho tiempo.

Lo cierto y verdad es que, el año que empieza, detesto repetirme, va a ser extremadamente difícil. El drástico recorte de derechos y libertades individuales que se avecina, por obra y gracia de un gobierno radicalizado y extremista, apoyado en delincuentes y terroristas, cuyo único objetivo es destruir el Estado, es una espada de Damocles que se cierne sobre nuestras cabezas y pagarán los más débiles. Una amenaza concretada en un acuerdo de gobierno (es un decir) que propiciará barra libre para muchos violentos que toman las calles con cualquier excusa, la impunidad de los totalitarios que pretenden imponer su pensamiento único, en el ámbito legal, económico, social o moral y permitirá otorgar un soporte de presunto respaldo jurídico a la persecución de determinados colectivos como la sanidad privada, la educación concertada, el derecho a la vida, la iglesia católica y por extensión, las cofradías.

A quienes defendemos o formamos parte de algunos de estos colectivos, nos queda la esperanza de que la tragedia no sea tan grande como tememos, que parte de la población  que ampara con su voto este camino hacia el abismo reaccione, y, en última instancia, ¡qué ironía!, que Pedro Sánchez engañe a sus socios como lleva engañando al resto del universo desde que fue erigido como mesías. Pelear en la calle cada vez que nos convoquen a ello, protestando, la violencia es seña de identidad de otros, pero sin caer en la desidia o el miedo, que solamente podrá derivar en que los antidemócratas se apropien de las calles y acudir a los tribunales cada vez que nuestros derechos sean pisoteados.

El silencio nos hará cómplices de lo que ocurra. Como hace cómplices a todos y cada uno de los votantes de cualquiera de las fuerzas políticas implicadas en este gobierno. No sirve encogerse de hombros y decir que la culpa es de quien lleva las riendas. Cada ataque, cada pintada, cada insulto, cada derecho vulnerado, será responsabilidad de todo el que calle ante la injusticia y de quién lo respalde con su voto. Si pretenden expropiar nuestros templos, habrá que protestar y hacer todo lo que legalmente esté en nuestra mano para evitarlo. Y gritar, gritar muy fuerte al mundo entero, que no estamos dispuestos a tolerar convertirnos en ciudadanos de segunda.

Es momento de olvidar lo que nos separa y subrayar lo que nos une, de levantarse y de tener fortaleza, no de hundirse ni amedrentarse. Lo que viene es muy duro. Hagámosles difícil la empresa a quienes quieren terminar con nuestra libertad (la religiosa también) y tengamos esperanza. El camino que acaba de comenzar estará lleno de trampas y podredumbre, de odio irracional y de rabia acumulada por miles de totalitarios que quieren destruir lo que nuestros padres construyeron. Solo unidos podremos salir indemnes de lo que se avecina. Bienvenidos a 1936.

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