El suspiro del Ángel, Opinión

Blasfemias y pulsos que se van de las manos

Suspira el querubín intentando descifrar los entresijos de las complejas decisiones que se han de tomar en el seno de algunas casas de hermandad. Suspira porque desde lo que se desea a lo que se alcanza dista un proceloso océano y porque cuando hasta quien no es primera opción, ni segunda ni tercera, busca excusas para no hacerse cargo del barco es que algo se está haciendo mal en el reino.

Suspira el ángel desasosegado porque hay quien se empeña en buscar problemas donde no existen y en comenzar pulsos, que a nadie favorecen, en los que quienes más tienen que perder son precisamente quienes los inician. Suspira porque a veces la chulería hay que atarla corto, porque si no el problema sin importancia se puede convertir en fractura e irse de las manos.

Suspira el serafín por el caballo desbocado que alcanzó la locura entre chascarrillos pasados de rosca que alguien de los muchísimos que mandan debería afear para que no se vuelvan a repetir. Suspira porque hay que saber distinguir entre estar de copas y fiesta y llevar sobre los hombros una imagen devocional y porque la broma se convierte en blasfemia cuando se traspasa la línea del respeto banalizándolo todo.