Estimado, amable y fiel lector. Qué euforia más grande sigue albergando mi interior, como el suyo y el de tantos macarenos, por lo hermosa y rejuvenecida que ha vuelto la Esperanza.
Muchos hermanos dirán que es la Macarena de antes, la antigua, la de siempre. Y en parte tienen razón. Pero yo prefiero mirar el prisma desde una perspectiva diferente. Veo a una Virgen nueva y resplandeciente, del siglo XXI. Hoy miro a la Esperanza de Pedro Manzano, igual que hace unos años veía a la de Garduño o hace un siglo a la de Rodríguez Ojeda.
En el arco han cambiado muchas cosas con el regreso de la Reina de San Gil, pero aparentemente todo sigue igual, a pesar de la llegada de la junta electa de Fernández Cabezuelo con la toma de posesión de sus cargos. ¿Todo permanece y nada cambia? ¿O todo cambia y nada permanece?
El tiempo lo desvelará. Aunque a decir verdad no es necesario esperar tanto. Pues se pueden contar con los dedos de una mano las corporaciones que realmente han sufrido un cambio significativo con una junta nueva.
De hecho entonces, ¿qué podemos entender por la renovación de una cofradía? ¿Un cambio de banda de música? ¿Un relevo al vestidor? ¿o quizás la ejecución de varias prendas y túnicas para completar el ajuar de los titulares?
Con esto, querido lector, enarbolo la bandera del cambio real y no el de “chapa y pintura” que protagonizan con el fin de vender un nuevo aire entre los desconcertados fieles y devotos.
Pero ese nuevo espacio no debe caer en promesas baneles sin más, sino que puede ser y ojalá sea un cambio hacia la humanidad, la sencillez en el trato y las ganas de dar la vuelta a la tortilla, nunca mejor dicho.
Esa renovación debe ser primero de actitud de los miembros de junta, de entender que vienen a servir a los hermanos, que solo tienen una responsabilidad concreta en un momento concreto, nada más.
Y a partir de ahí, hay que crear la hermandad de los hijos y nietos, la del futuro, la que mira hacia adelante con una modernización de las áreas de gestión, de los sistemas de comunicación y, por qué no, hasta del patrimonio.
O lo que es lo mismo, el tiempo pasado, pasado está. Lo antiguo no es siempre lo mejor, ni lo nuevo una amenaza. Hay que tomar el impulso y atreverse a cambiar el compás.
Y entonces por fin se podrá confirmar el ansiado cambio, que veremos y contaremos para ustedes. Feliz semana.





