Estimado, amable y fiel lector, las tardes de primavera despejan la mente y dan alas a la creatividad para contar historias asombrosas sobre mundos, personajes y situaciones inimaginables.
Érase una vez un hermoso reino con una torre muy alta, naranjos en flor y muchas fiestas para el pueblo feliz y agradecido.
En este bello lugar había también muchas iglesias, donde iban los devotos del lugar a rezar a los Cristos y Vírgenes más delicados que jamás se haya visto, realizados por preclaros escultores que manejan con soltura y precisión el arte de la gubia y el cincel.
Muchas obras dedicadas a la Madre del Señor poseían un vestidor que las culminaba con su delicado y minucioso manejo de telas, alfileres, encajes y bordados, recibiendo reconocimientos y premios por su gran trabajo.
Los vestidores eran un gremio muy valorado en el reino, y cada cambio sobre una Virgen era estudiado y aplaudido por fieles y entendidos en la materia.
Uno de estos engalanadores de imágenes tenía el privilegio de preparar a una de las tallas más sobrecogedoras, una imagen con rasgos maduros y suaves, evocando el dolor real de María ante la muerte de aquel Dios que llamaban Jesús de Nazaret.
Pero en la iglesia donde estaba la Virgen había un guardián tirano y malvado que quería imponer su criterio sobre todas las cosas que allí sucedían.
El tirano le decía al vestidor cómo tenía que hacer su oficio, haciendo indicaciones y controlando todo el proceso sin permitir un ápice de libertad al experimentado maestro.
El profesional, cuyo nombre no tengo inconveniente en desvelar, era Atanasio Berlanga Ramos, quién era querido y respetado hasta las fronteras del reino por su impecable trabajo en muchas tallas hasta las fronteras del reino.
Una noche, Atanasio, presentó a la preciada talla con sus mejores galas y una preciosa combinación de terciopelo y encaje que le sentaba como un guante.
El tirano y su corte de aduladores no admitieron ver a la Virgen de esa guisa, pues solo aceptaban unos patrones muy básicos que ordenaban cumplir, y exigieron al gran Atanasio volver a cambiar la imagen en el más corto período de tiempo.
El veterano maestro cumplió la orden a la perfección, pero con una gran decepción por el injusto trato decidió dejar de realizar su oficio sobre la preciosa imagen.
Y desde entonces, la virgencita a la que tantos devotos rezaban dejó de lucir con el esplendor de antaño, aquel que solo lograban las manos expertas y atentas de Atanasio.
Parafraseando a Calderón de la Barca recuerden que toda la vida es cuento, y los cuentos, cuentos son… O no.
El capirote | Luz de tristeza
La crónica | La Esperanza convierte las calles de La Línea en un suspiro de magia y devoción para la historia
La Hermandad del Rocío de la Macarena designa a Rafael Murad Puchol como pregonero de la Romería de 2027
Cruz de guía | La SGAE terminará de estrujar el bolsillo de las hermandades
Osuna y Marchena ponen fin a su peregrinación conjunta hacia El Rocío a partir de 2027
Sigue en directo la Coronación Canónica Pontificia de Santa María del Alcázar de Baeza
Los artesanos | Lo que no aparece en la factura
Pepi Maya inicia con la primera puntada el bordado del futuro techo de palio de Santa María de Consolación
El Nazareno del Amor conmemora sus 75 años de historia con una salida extraordinaria cargada de estrenos y memoria franciscana
Entrevista | Lázaro Mata: «Respetar a los grandes maestros no significa hacer imágenes que parezcan antiguas»
Galería | La Virgen de la Merced bajo palio
El Cristo de la Buena Muerte de Jaén saldrá en procesión extraordinaria por el centenario de la Hermandad
La Cena de Huelva aprueba por unanimidad el proyecto de su futuro manto procesional para la Virgen del Rosario
La Hermandad de la Defensión formaliza la cesión de su nueva Casa de Hermandad por un periodo de 30 años
Enrique Barrero Rodríguez, pregonero de la Semana Santa de Sevilla 2027 




