Estimado, amable y fiel lector. Qué bonito es el otoño y qué interesado es el populacho en cualquier estación del año, haga calor, llueva o nieve, y sea una boda o un entierro. Aquí vale todo y no vale nada, al mismo tiempo. Perdonen el juego de palabras. En las siguientes líneas, todo cobrará sentido. Pasa y lee, que te va a gustar.
Aún estoy conmocionado de la inesperada noticia que todo el mundo sabía sobre el regreso de la cantante Amaia Montero a su grupo de cuna, La Oreja de Van Gogh. La vuelta ha generado un tormento mediático, incrementado por la complicada marcha de la vocalista anterior, Leire Martínez, quien sustituyó a la vez a Montero hace 20 años y que ahora vuelve a ser noticia a raíz del polémico regreso.
El caso es que medios reputados apuntan al móvil del retorno de la rubia de ojos saltones a la formación vasca, que no sería otro que el económico, ya que ella estaría muy a gusto cantando sola pero necesita cash.
Y ustedes se preguntarán qué tiene esto que ver con el impetuoso mundo de las cofradías sevillanas que cada semana intentamos arreglar, sin éxito por el momento. Pues bien, el caso de Amaia Montero y la Oreja no es ajeno al reino de las varas doradas y las túnicas almidonás, donde la pela logra un abrazo de hermanos entre los Montesco y los Capuleto de la Calzá, Triana, San Jerónimo o Sevilla Este.
El ejemplo más reciente lo tenemos en el Ayuntamiento, el cual concedió el pasado mes de mayo la Medalla de Sevilla a la persona que preside el Consejo de Hermandades, al que cariñosamente conocemos en esta casa como “Er medallita”, como bien sabes querido lector. Los mentideros cofrades comentan desde hace tiempo la tirantez que existía entre el consistorio y el dirigente cofradiero, la cual ha quedado convenientemente eclipsada por dicho reconocimiento. Cómo se nota el poderío de las hermandades en la ciudad, que dejan tanta pas… digo tanto fervor en la ciudad, que hasta el alcalde se ha conmovido.
Y es que ya lo dice el refranero popular: “Por el interés te quiero Andrés.” Y si hay money money de por medio, más todavía. Porque hay hermandades, de Penitencia para más señas, que han dedicado placas en sus templos a benefactores que han aportado importantes sumas de billetes de 500 a las arcas de la corporación, un merecido precio que no han tenido los propios fundadores y refundadores. Y si hace falta se les coloca de hermanos o hermanas mayores, se les da entrada vip en la salida de la cofradía y hasta se los nombra hermanos honorarios por la Gracia de Dios y de su Santa Madre la Virgen Santísima. Esto es de juzgado de guardia, cuanto menos.
O nuestro odiado Judas Iscariote, que vendió al Señor por 30 cochinas monedas y propició, sin pretenderlo, el misterio de la Redención de los pecados del mundo y el milagro de la Resurrección de Jesús y de toda la humanidad, eje y leitmotiv de nuestra fe.
Esperemos que las próximas generaciones enmienden la plana, por la propia supervivencia del verdadero significado de la palabra Hermandad. Y con esta última chicotá arriamos el paso hasta el próximo viernes. Pasen buena semana y pongan los dólares a buen recaudo.





