Burladero | Hoolingans sin antifaz

Estimado, amable y fiel lector. Cuántos ríos de tinta se han corrido desde que nos despedimos el pasado sábado.

Todos sabemos el motivo de la controversia: la “intervención” de la Macarena a manos de vaya usted a saber quién, pues en esta novela negra se van sumando personajes a cada momento.

Resulta sorprendente, mirándolo con perspectiva, las dimensiones que ha cobrado un asunto que afortunadamente no tiene tanta gravedad.

Me explico. Gracias a Dios la Macarena nunca ha dejado de ser nuestra Esperanza, siempre ha permanecido reconocible, a pesar de que muchos digan que si la del sábado era tal, o la del domingo, lunes o martes era cual.

Hay personas, de fuera o de dentro del ámbito cofrade, me da lo mismo, que no saben lo que significa intervenir, conservar, restaurar o limpiar una obra artística.

Y si lo saben, realmente no muestran ningún respeto por estas técnicas fundamentales para cuidar y preservar por muchos siglos cualquier obra, ya sea escultórica, pictórica o arquitectónica.

Las tareas acometidas sobre la Macarena han sido un desastre, sí. Qué los “profesionales” que las han realizado han cometido errores injustificables como añadir pasta de madera a los párpados de la imagen, también.

Afortunadamente, para los histéricos macarenos que gritaban el lunes “Cabrero dimisión”, “queremos a nuestra Esperanza, no eso” o “aunque suenen las campanas no nos vamos a callar”, su Esperanza va a volver muy pronto sin secuelas ni alteraciones. Va a regresar si es que alguna vez se ha ido, claro.

La Junta de Gobierno de José Antonio Fernández Cabrero va a convocar un Cabildo Extraordinario para proponer a Pedro Manzano como restaurador de la imagen con la supervición del Instituto Andaluz de Patrimonio Histórico (IAPH).

Ahora bien, después de siete días y con la mirada limpia y serena del paso del tiempo cabe preguntar: ¿Hacía falta llegar a esto? ¿Era necesario trascender este tema no solo a prensa local o nacional, sino a medios internacionales como el Times de Londres?

Lo vivido durante estas jornadas, hermanos macarenos de lágrima fácil y sobresaliente carisma para el melodrama, ha sido propio de un mercadillo ambulante, de la tómbola de la feria y del primer día de rebajas en el Corte Inglés.

Absolutamente vergonzoso y lamentable. Vosotros, macarenillos de grititos y pataletas, sois los mismos que guardáis la lengua viperina en los cabildos, permitiendo que contenúen los excesos que criticáis hasta la saciedad en tabernas y bares de la zona.

El circo de los horrores ofrecido esta semana por los hermanos y devotos es, más allá de la responsabilidad de la junta y los restauradores, lo que más daño ha hecho a la hermandad sin lugar a dudas.

La Macarena nunca ha sido así, nunca. Vosotros gritábais el lunes para que volviera la Esperanza. Yo hoy grito para que vuelva la hermandad de mi niñez, porque eso sí que parece que no tiene vuelta atrás.

Dicho lo cual, en el precioso día del Inmaculado Corazón de María y excusándome por no haber estado presente en mi cita de los viernes, te deseo queridísimo lector una buena semana.