Burladero | Mudar la piel

Estimado, amable y fiel lector. Qué larga se nos está haciendo la semana a todos con la ola de calorla cumbre de la ONU blindando Sevilla y el pachín pachán de la Virgen del Rocío, que mañana Dios Mediante será coronada.

Parece que nada puede desviar la atención de estos temas informativos, salvando por supuesto las constantes filtraciones sobre el estado de la Macarena al periódico de cabecera con las letras del abecedario.
Sin embargo, su Legatus, rebelde sin causa y contracorriente, se fija en lo que nadie mira.

El caso es que estaba el otro día caminando por la calle Feria, y no pude evitar pararme ante la Parroquia de Onmium Sanctorum.

Alcé la vista, y contemplé desde todos los ángulos y direcciones la grandiosa restauración de la fachada mudéjar del templo.

Era una estampa insólita y llamativa que contrastraba con la imagen mental del templo, con la pared lisa de color blanco que recorría tanto la zona frontal como el lateral de Peris Mencheta.

Los trabajos, dirigidos por los profesionales de la archidiócesis, han incluido instalación eléctrica, iluminación así como reparación y pintura del interior y exterior de la iglesia.

Pero los planes iniciales a veces se cambian sobre la marcha, y en este caso ha ocurrido para mejorar con creces la obra inicial.

Y es que poco a poco, durante el proceso de remozado de la fachada, se fue eliminando la capa de pared lisa que ocultaba un tesoro escondido durante décadas.

Tras la blancura del antiguo templo se encontraba el ladrillo original, que aportaba una apariencia curiosa, realzando la espectacularidad del conjunto.

Se puede comprobar a simple vista el minucioso cuidado que ha reinado en toda la obra, recuperando el tono original de la piedra y los colores de los detalles de la parte superior.

Sirvan de ejemplo las imágenes que añado a continuación para que admiren, sean de Sevilla o de cualquier lugar del mundo, la belleza oculta de este lugar santo, que para mí ha pasado de ser una iglesia exterior sin atractivo a posicionarse como uno de los templos con mayor regusto no solo de la ciudad, sino de toda la geografía andaluza.

No soy una eminencia artística ni un gran entendido, por lo que no puedo hacerle un análisis pormenorizado de la fisonomía de la fachada, y los entresijos de la precisa intervención sobre la misma.

Lo que sí puedo es invitarle en una mañana temprana del caluroso estío sevillano o en la caída de la tarde cuando la temperatura aminora levemente, a que se acerquen y disfruten de la belleza del paisaje con la nueva cara que nos ha regalado este lugar con siglos de historia tras sus muros.

Siga mi consejo o no, volveremos a leernos Dios Mediante el próximo viernes, a las puertas de los días grandes de la Virgen del Carmen en la capital hispalense. Hasta entonces, pasen una maravillosa semana.