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El Cirineo, Opinión

Claves para evitar que las cofradías tiren su dinero por capricho, ignorancia o desidia

Hay asuntos que me aburren soberanamente. Tal vez por reiterativos, tal vez porque uno detecta en los sujetos que los protagonizan escasa o nula capacidad de análisis, escucha, asunción de la crítica legítima y, por consiguiente, de cambio. Como humilde opinador de la realidad cotidiana que envuelve a las cofradías, he de reconocer que buena parte de estos asuntos terminan provocándome un hastío directamente proporcional al inmovilismo que impide que sean resueltos. Son muchas las cuestiones que se pueden englobar dentro de esta categoría. Algunas concernientes al mundo del costal, otras al artístico o musical –que no siempre está dentro del anterior -… y casi siempre relacionadas con la manifiesta incapacidad e incompetencia de algunos de los individuos que, para nuestra desgracia, tienen la responsabilidad de desgobernar nuestras cofradías, generalmente hacia el abismo de la nada.

Siendo justos, hay que puntualizar que no todos los dirigentes pueden englobarse en esta clase de descerebrados, desde luego, y que existen honrosas excepciones que confirman la regla. Pero la presencia de esta sobresaliente minoría no ha de ocultar, en modo alguno, que muchos otros carecen de la capacidad intelectual, del liderazgo y de la categoría precisa para formar parte de una junta de gobierno, no digamos ya ser hermano mayor. Puede que yo sea muy exigente, no lo niego. Pero me subleva ver juntas de gobierno compuestas por personas cuyo mayor logro ha sido trabajarse una caseta de feria o una cruz de mayo, ser un sacrificado costalero o un excelente músico. Llámenme loco – o lo que estimen conveniente -, pero, en mi opinión deberíamos exigir más para ser oficial de junta y. por ende, muchísimo más para ser hermano mayor de una corporación. Es urgente que los miembros que las componen gocen de la formación necesaria, a todos los niveles.

Es cierto que en los últimos tiempos son muchas las hermandades que vienen acometiendo grandes esfuerzos en el ámbito formativo, si bien hay otras que siguen citando a los jóvenes de la hermandad para que el consiliario de turno les lea el evangelio, les haga una minihomilía y a correr, creyendo que eso es formación. No me malinterpreten, la formación a los más jóvenes de una hermandad es necesaria, imprescindible… pero no es en absoluto suficiente ni excluyente. La formación en una hermandad debe ser tratada de manera mucho más integral y estar orientada al conjunto de sus miembros. Ni tampoco debe ni puede estar limitada al conocimiento de la liturgia, aunque este debe ser uno de los puntos de partida. Los miembros de una junta de gobierno debe saber qué se hace y por qué se hace, y conocer el significado de las cosas. Deben saber cuándo algo está absolutamente fuera de lugar y por qué. Sólo así evitaremos espectáculos bochornosos como los que año tras año se repiten sin solución y manifestaciones absolutamente impresentables sobre los motivos por los que no se puede poner a la misma altura realizar estación de penitencia ante Su Divina Majestad y pasar por un enclave concreto, por mucho que se haya convertido en una tradición que, dicho sea de paso, en ningún caso es centenaria ni nada parecido.

Si no se acomete con urgencia esta formación integral la Semana Santa seguirá anclada en el inmovilismo que es una realidad cotidiana desde las últimas dos décadas y dependiendo de la sabiduría de unos pocos personajes, que en ocasiones se traduce en capricho y discrecionalidad, porque no siempre el conocimiento deriva en coherencia. Es cierto que se ha experimentado un notable incremento patrimonial en los últimos tiempos pero, ¿realmente todo lo acometido tiene la calidad requerida? ¿Hay bordados ejecutados de manera manifiestamente mejorable? ¿Son realmente destacables todos los diseños incorporados en las últimas décadas al acervo patrimonial de nuestras cofradías? ¿Formarán parte de nuestra historia cofrade? ¿Se ha tirado el dinero por capricho, ignorancia o desidia? ¿Cuántas cofradías están concebidas, diseñadas y materializadas de manera integral y coherente desde la cruz de guía hasta el paso de palio? Es obvio que no todo el mundo puede saber de todo, eso está reservado para individuos dotados de una “especial sensibilidad” y para artistas “multidisciplinares”, pero, ¿no sería conveniente que se formase a los cofrades de tal modo que en el seno de las juntas de gobierno se pueda discernir cuándo un proyecto patrimonial es el adecuado y cuándo están metiendo gato por liebre de corta y pega?

Si así se hiciese, nos evitaríamos – todos – algunos palios perfectamente prescindibles e impersonales que salen a la calle absolutamente camuflados por fuegos de artificio o guiones procesionales sin pies ni cabeza. Como evitaríamos los sorprendentes y ridículos cambios de estilo – musical y de otro calado – que algunas corporaciones han experimentado recientemente o las cofradías “mixtas”, valga la expresión, que como las meigas haberlas haylas. Por no hablar de la persistencia de ciertos elementos en los cortejos que, no es que sean perfectamente prescindibles como los palios de los que les hablo, sino que su permanencia supone un atentado contra el sentido común y el buen gusto cofrade. Y es que la formación cofrade – he dicho cofrade – es la gran asignatura pendiente de nuestra Semana Santa contemporánea. Una formación que debe venir acompañada de la incorporación a los equipos de gobierno de personas con los conocimientos precisos para erradicar determinados excesos y paliar y subsanar ciertas carencias o al menos, de la constitución de comisiones artísticas con carácter permanente que impida su proliferación. De lo contrario, muchas de nuestras cofradías continuarán siendo, por los siglos de los siglos, heterogéneos y estrambóticos conglomerados extraordinariamente difíciles de comprender.

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