El viejo costal, 💙 Opinión

Con música de cucharilla…

Empieza a notarse la llegada de la calima veraniega, y es que al final de la primavera, es lo que toca, miro a mi entorno al inicio de la tarde y resonando la cucharilla en las paredes de una taza de café, al armonioso tintinear de la misma, recuerdo el estado de las otras amadas y no menos recordadas cofradías, las de gloria, que en nuestra ciudad no son pocas.

Las penitenciales de alguna forma han resuelto, más o menos sabiamente el trance por segunda vez, sus estaciones de penitencia han sido sustituidas por una gran diversidad de actos, que han ido desde la temeridad circense hasta las de magnitud soberbia, ustedes sitúen a cada una donde crean que les corresponde. Pero ¿qué va a ser de nuestras hermanas las de gloria?, si esas pobres que sobreviven con muchas más dificultades que las de penitencia, sobreviven con menos hermanos, con cuotas más pequeñas, con subvenciones también minúsculas y casi siempre cercanas a la delgada línea que separa la extinción de la mera supervivencia.

Ya hemos celebrado nuestra Semana Santa, ¿pero nuestras hermandades de gloria?, como vamos a ayudarlas a sobrevivir, son tantas y con una actividad y número de hermanos importante para nuestra ciudad, creo que todas son, al menos algunas agrupadas, otras no, al menos yo lo desconozco, las que recuerdo: la hermandad de Nazaret, de Araceli, de San Rafael, del Tránsito, Villaviciosa, Carmen de Puerta Nueva, San Álvaro, del Carmen de San Cayetano, de Fátima, del Rocío, de la Cabeza, de Villaviciosa, de Linares y la hermandad del Socorro, la Victoria y otras que la memoria no me permite traer, ahora mismo.

Llegan los meses marianos de mayo, y de septiembre, y algunas de ellas nos demostraran como en años anteriores que su capacidad de sobrevivir en ambientes nada favorables es su propia naturaleza, es algo incrustado en su diario devenir.

Y es que, en la casa del humilde, hasta la música de las cucharillas a la hora del café, se considera fiesta, y como me dice muchas veces mi amigo, “con que poquito somos capaces de celebrar una fiesta”, y estas hermandades, humildes, saben perfectamente de lo que hablo, sus origines humildes es lo que tienen, que le han forjado en el fuego de la necesidad, se han templado en el agua de la falta de medios, y luchado contra la dureza de algunos corazones, y a pesar de todo esto algunas superan los siglos de vida, toda una lección para quien quiera verlo así.

A ellas, a todas, con sus recuerdos traídos por el tintineo de la cucharilla en mi café, recuerdos que me siguen desde que dejé atrás mi niñez, a todas, os deseo la mejor de las suertes en vuestra forma de afrontar vuestras salidas o su falta, así como la celebración de vuestros cultos anuales.

Suerte, y recordar mucha gente haciendo pequeñas cosas hacen grandes cosas, no decide el tamaño de la lucha el tamaño de la victoria.

Seguid luchando así, seguid así, que cada tarde me acordaré de vosotras las pequeñas olvidadas de los cofrades, y cada tarde iré recordando a muchos cofrades vuestra existencia, en tanto y para no olvidarme ¿alguno de ustedes quiere un humilde café?

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