Bueno, pues ya está todo cumplido… o eso dicen. Ahora llega ese mágico momento del año en el que fingimos que vamos a analizar qué funciona, qué no funciona y qué directamente es un despropósito digno de estudio académico. Porque, claro, lo que está bien no hay que tocarlo, pero siempre aparece alguien con la creatividad suficiente como para demostrar lo contrario.
Y lo digo, por supuesto, por el espectáculo digno de una tragicomedia que supone mover una valla para que un misterio, que lleva pasando por el mismo sitio desde 2017, año tras año, Jueves Santo tras Jueves Santo, pueda seguir pasando… porque, sorpresa, ahora parece que no cabe. Misterios de la fe, nunca mejor dicho.
Mover una valla, en sí, no es ni bueno ni malo. Es como ponerle piña a la pizza: técnicamente se puede, pero ¿por qué? El problema llega cuando, al moverla, te cargas una de las pocas vías de evacuación que existen. En este caso, la del final de la calle Torrijos con Cardenal Herrero. Una vía que normalmente tiene metro y medio de ancho y que, durante el paso del Cristo de Gracia, quedó reducida a… bueno, a un suspiro. Eso sí, espacio había de sobra para que el soberbio paso del Cristo y los auxiliares de Carrión pasaran como si aquello fuera una autopista. ¿Quién no podía pasar? El público, claro. Pero oye, detalles.

Y si allí no había pasillo, en las sillas a las que se accede desde Cardenal Herrero la cosa era para nota. Cada día se mueven las mismas sillas, porque la tradición es la tradición, y para llegar a tu asiento tienes que molestar a media Córdoba. Hasta el punto de tener que pedirle al responsable del sector que recolocara cuatro o cinco filas para dejar un pasillo microscópico. Un pasillo que, aunque moleste a todos, al menos permite llegar sin necesidad de pedir perdón veinte veces por metro recorrido.
Lo del pasillo de las sillas, mira, tiene arreglo fácil. Pero lo del pasillo de evacuación… eso ya es una maniobra temeraria digna de manual. En las imágenes se ve que hay espacio de sobra para que pase el paso, los auxiliares, el viento de levante y hasta un autobús si hiciera falta. Pero si ocurre cualquier incidencia en la parte baja de Torrijos, hacia Judería o Cardenal Herrero, no pasa ni el aire.
Ambas cosas son mejorables. Ambas cosas son evitables. Ambas cosas requieren actuar antes de que tengamos que lamentar algo más serio. Y todo sin necesidad de mover vallas, ni de inventar nuevos anchos, ni de hacer experimentos en plena Semana Santa. Digo yo, vamos.





