A contracorriente | Exhaustos para la Magna

De magna en magna, como el el juego de la Oca, se llegará de la Huelva a la de Lucena y de la de Lucena a Córdoba. Parece un juego, pero es una suerte de fiebre del oro en el lejano oeste o en la América de Pizarro, Cortés y Orellana.

Cada lunes de septiembre se ha convertido, de ese modo, en una especie de resaca cofrade en la que el cofrade padece de revivals, de flases en los que -en mitad de la mañana- te cruza el pensamiento una levantá, una marcha o el canto de los seminaristas durante la misión.

O se aparecen los actos de esta como la multipantalla del fútbol y eres capaz de recordar los vía crucis misioneros, los rosarios extraordinarios y la procesión eucarística a un mismo tiempo.

Llega un punto en el que no sabes ya si realmente todo ha sucedido o es producto de tu imaginación, como decía el mítico Anthony Blake. Pero los sentidos están cansados y la perspectiva de otro fin de semana cargado de intensidad te provoca agujetas metales.

Y es que se ha pasado de la Semana Santa y un puñado de Glorias, a ver procesiones en verano, magnas en el puente de la Inmaculada, extraordinarias a dos días de Navidad, procesiones para empezar el año y, otra vez, magnas en Cuaresma. La fiebre de la procesión nos deja exhaustos para cada magna que viene y, como decíamos, con agujetas en los sentidos.