El Respiradero, 💙 Opinión

Conversión de infinita Verdad

El pasado domingo en la feligresía de la Parroquia del Sagrario de Sevilla las habitaciones en penumbra eran aún más oscuras. La enfermedad tenía tonos más angustiosos. Muchos mayores que conviven en soledad con su cruz no le ha resultado un cambio drástico el confinamiento de estas semanas. Hasta el domingo. Lo notaron dolorosamente. Era Dominica in Albis y sus almas guardaban un vacío como el de las calles.

El domingo después al Domingo de Resurrección, es decir, el segundo Domingo de Pascua; Sevilla tiene una de las procesiones más auténticas y con sabor de su calendario. La Archicofradía Sacramental del Sagrario sale a las calles en Procesión de Impedidos. La feligresía del Sagrario se llena de chaqués. Antiguos e inigualables estandartes con la Custodia se alzan al pie de la Giralda. Carráncanos que con el sonido de la campana nos devuelve a algún momento grande de la ciudad mientras monaguillos van estirando una alfombra de pétalos.

El Santísimo bajo palio recorre las calles céntricas de Sevilla. No le hace falta enjoyadas custodias, ni  exuberantes pasos como los que podíamos ver hace una semana. Solo Su Presencia basta. A su paso todo tiene el aire de tiempos antiguos. Calles que no han cambiado en cien años. El tiempo no se encuentra porque Dios es un infinito en los años.

El cortejo sigue discurriendo serio y elegante. Saben que están haciendo la labor más noble de todas. Llevar al Santísimo a los enfermos que no lo pueden recibir. Dentro en las casas otro mundo que se les escapa a nuestros ojos. A Dios no le hace falta la suntuosidad de los altares para demostrar su Grandeza. Solo una pequeña habitación, donde una persona débil combate a su enfermedad. En el instante que el Santísimo cruza la puerta de las casas una fuerza sobrehumana hace que el huésped se ponga de rodillas en un ar de lágrimas. Ha podido recibir al Seor y su corazón no puede estar más lleno de Gozo.

La procesión de Impedidos revela la mayor Verdad del universo. Este año no ha sonado la campana de los carráncanos ni el timbre de muchas casas. Quizás cuando más hace falta tener al Señor cerca de nosotros. Los enfermos no lo pudieron ver en Cuerpo. Pero en Alma estaba allí en lo más oscuro de la penumbra. Con la certeza de la fe que nos recuerda que pronto volveremos a salir de la oscuridad para alzar al Santísimo hacia el azul del más sevillano cielo.

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