Córdoba es una ciudad peculiar. A la mayoría de sus habitantes la Semana Santa se la trae totalmente al pairo. No, no se dejen engañar. Las imágenes mentales que muchos de ustedes tienen en su mente para rebatir esta idea con salidas de cofradías muy populares en las que no cabe un alma es algo meramente coyuntural. La gente va a ver procesiones porque toca, igual que toca comer torrijas. Incluso si tienen que elegir a qué Cofradía apuntar a los niños para que salgan con sus amigos elegirán, qué duda cabe, cualquiera al azar siempre y cuando no realice su estación de penitencia el Jueves o el Viernes Santo porque esos son los días reservados para salir corriendo hacia la playa.
Córdoba tiene mejor ratio de cofradías per cápita que Sevilla. Pero aquí hay menos tradición y, por supuesto, menos dinero que en la mil veces envidiada ciudad hermana. Curiosamente el coste en tiempo y esfuerzo de ser cofrade activo (y no digamos ya en el caso de pertenecer a una junta de gobierno) es infinitamente mayor que en Sevilla. Los esfuerzos para financiar casi cualquier proyecto de envergadura supone vérselas y deseárselas. La gente huye de los cofrades cuando ven aproximarse los sorteos de loterías de Navidad y del Niño y saben que Fulano, que siempre lleva participaciones, les va a pedir 3, 4 o 5 míseros € por una participación de la que, con suerte, solamente un 20 o un 25% irán para la Hermandad. Cuando llegue el Lunes de Pascua, mientras en Sevilla se pensará en cómo repartir unas invitaciones para la caseta de feria de la Cofradía por la que los hermanos se darán de tortas y podrán disfrutar recordando cómo ha sido su Semana Santa, aquí el personal se las tiene que maravillar para recoger enseres y transportar pasos a locales y naves en tiempo récord porque en cuestión de una decena corta de días se jugarán el 70 o el 80% de su presupuesto detrás de una barra en la cruz de mayo y, pocos días después, en la feria. Cargando y descargando adornos, macetas, barras, farolillos, cortinas y sudando la gota gorda en cocinas y en las mencionadas barras.
Señor, ¡qué cara les sale la fe y la devoción a los pocos cofrades de verdad que hay en esta dichosa ciudad! Ya mismo veremos a Hermandades solicitando instalar puestos de caracoles para seguir manteniendo la Cofradía económicamente viva. Con lo que interesan en esta ciudad los dichosos caracoles, lo mismo de ahí pueden sacar un caladero interesante de hermanos. ¡Ay, Córdoba, ciudad de caracoles!
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