A pulso aliviao, Opinión

Corpus masificado

Permítame que le haga una pregunta, querido lector: ¿Cuánto tiempo ha tardado en ver la procesión del Corpus de esta mañana?

Mientras lo calcula, le resumiré rápidamente la experiencia de este humilde redactor, que llegaba a la calle Cuna sobre las 9 de la mañana y se marchaba cerca de las doce del mediodía.

Y a partir de ahí se saca fácilmente un segundo interrogante: ¿Merece la pena esperar casi tres horas la procesión del Corpus?

Es previsible que la mayoría responda de manera negativa, ya que por mucho que el debate se repita una y otra y otra y otra vez cada año, en la ciudad más especial del mundo no cambia absolutamente nada.

Sevilla es experta desde hace décadas en poner parches, silbando a los problemas mientras calles, edificios y hasta tradiciones se degradan paulatinamente.

Y ése es, precisamente, el mal que adolece el Corpus. La desgradación, que no es más que el resultado de la inacción y el exceso.

La procesión Eucarística por excelencia y el acto religioso y cultural más antiguo de la capital andaluza sufre la sobrecargada dimensión de su cortejo, al que se le saltan las costuras.

Dicho de otra manera, y sin querer herir su ego capillita, en el Corpus sobra gente. Y no dos ni tres, sino una barbaridad de gente.

No cabe en cabeza humana que una procesión, por muy eucaristíca que sea, dure casi tres horas en discurrir. Eso es algo que aburre hasta las ovejas, comprendiendo perfectamente que cada vez acudan menos sevillanos a su tradición por antonomasia, la cita con el Señor representado en el Santísimo Sacramento del Altar.

Por ello hay que atajar de una vez la barra libre de las representaciones de hermandades, reduciéndolas a una simple presencia testimonial del estandarte y las varas. No por capricho ni por gusto, sino por necesidad y caridad hacia todas esas criaturas que ven el cortejo, muchas de ellas a pleno sol.

Aquí ya se sabe que nos encanta el derroche, pero un buen día habrá que entender que en algunas cosas menos es más, como ocurre con el tiempo.

¿O es que acaso no sería mejor disfrutar de una procesión de 30 o 40 minutos en el día del Corpus?

Eso es posible, pero se deben dar dos factores: La intención de hacerlo; y la capacidad de ceder por las partes involucradas, véase las cofradías y el Cabildo Catedral.

Los sevillanos tenemos la suerte de sacar a la calle el día del Corpus un patrimonio excepcional, pero se debe valorar también el patrimonio humano que contempla esas imágenes, y que sufre las consecuencias de una comitiva no ya larga, sino soporífera.