Cosas que contar | Cambios, cambios y más cambios… o no

Estamos en pleno es de agosto y ya empiezan a confirmarse cambios con vistas a la próxima Semana Santa cordobesa, al mismo tiempo que otros se barruntan o se susurran.

Novedades en diversas áreas, sobre todo en itinerarios y llamadores, más allá de un gran estreno cuya presentación al pueblo aún debe ser mantenida en el cajón de los asuntos por contar, cosas de las confidencias de sobremesa.

Respecto a itinerarios, lo más llamativo podrían ser los cambios que tiene proyectados el nuevo equipo de gobierno de la Paz y Esperanza, que está dispuesta reducir (racionalizar) su presencia en la calle, esperemos que para cargarse parte del absurdo recorrido implementado por la anterior junta de gobierno (“la junta de la coronación” gustan autodenominarse –risas-) que es, claramente, un mata cortejos y mata cuadrillas.

También están encima de la mesa los cambios que nos regalará la Sentencia, que saldrá desde su nueva casa de Hermandad, en la calle Barroso y parece que pasará por San Nicolás a la ida de Carrera Oficial (o así lo han planteado algunos hermanos ilustres) así como los derivados de la intención de la Estrella de buscar la catedral por un camino mucho más directo que el que ha desgranado hasta ahora, por Joaquín Sama Naharro y Gran Capitán, hasta la Iglesia de San Nicolás, para continuar por San Felipe y Tesoro.

Otras novedades, acaso más jugosos ya que suele ser un asunto que interesa muchísimo al personal, están relacionados con el mundo del llamador. Algunos de los cambios ya se han desvelado: el nuevo capataz de la Virgen de la Salud, Ángel Carrero, y la Paz y Esperanza, Rafael Giraldo. Dos muy buenos capataces que tendrán que poner toda su valía, no solamente técnica sino en otros ámbitos más mundanos, para hacerse con las riendas de dos cuadrillas complejas por cuestiones distintas.

En el caso de la cofradía del Naranjo por la destitución poco entendible de un líder muy querido y carismático en el seno de la hermandad del Martes Santo. De ahí que Carrero, que ha demostrado con creces su innegable capacidad, tenga ante sí un enorme desafío. Sus condiciones son de sobra conocidas, es un capataz con mayúsculas. Ahí están sus logros.

Y hay que subrayar que ninguna culpa tiene de que quienes mandan ocasionalmente hayan tomado decisiones cuestionables. Espero y deseo que reciba el apoyo que merece, por el respeto que le corresponde como capataz y, sobre todo, por el bien de la cofradía. Creo que tiempo habrá para hacer justicia, pero no conviene (no le conviene a la hermandad) pagar con terceros lo que quienes mandan no han hecho bien.

El otro, Giraldo, tendrá que enfrentarse también a un Miura. La desidia de algunos y la incompetencia y el poco amor por la hermandad demostrada por otros, con terno negro y con costal, que han priorizado sus propios intereses a la salud de la cuadrilla, han provocado una situación límite que precisaba actuaciones radicales, contundentes, inmediatas y excepcionales.

Y tomar la decisión de prescindir de más de uno y de dos. Sobre todo de quienes han cacareado de forma grotesca que eran los elegidos y han quedado en ridículo o llevan presionando en la sombra desde hace años. Basándome en lo que me han contado, muchas veces, amigos que tienen la suerte de estar en esas trabajaderas cada Miércoles Santo, saco de esta ecuación a quien ha ejercido de responsable de la cuadrilla en los últimos años, Alfonso Morales Amate, que ha intentado por todos los medios reconducir la situación aunque no le han dejado. Unos poniéndole palos en las ruedas, otros moviéndole miserablemente la silla y alguno que otro cortándole las alas impidiéndole tomar decisiones dolorosas pero imprescindibles y que ahora deberá tomar otro.

Porque si me preguntasen, que no lo harán, ni siquiera soy hermano de esta cofradía, mi consejo sería claro: poner de patitas en la calle a todos los que han provocado que la cuadrilla esté hecha unos zorros. A la puñetera calle. Los de negro y los de blanco. Y empezar a construir de cero. Los comienzos serán difíciles, qué duda cabe. Pero el objetivo, si se alcanza, puede ser glorioso.

Todo debe pasar por el apoyo inequívoco de quien manda, que, de entrada, ha hecho mucho más que otros: tomar decisiones y demostrar que le preocupa el paso de palio y quiere mejorar. El apoyo debe ser incuestionable y la cuadrilla debe ser consciente de ello desde el primer día y saber quién manda. Y que a quien tenga la menor intención de sacar los pies del tiesto se le enseñará dónde está la puerta.

No serán estas las últimas modificaciones en este campo que veremos en los próximos meses.

En los Dolores hay que escoger capataz para la Señora de San Jacinto, nada más y nada menos, con varios nombres circulando por los mentideros cofrades. Claro que yo tengo mi preferido y que no dudaría ni un instante en ofrecerle el cargo. Pero habrá que ver la decisión que toman los rectores de la hermandad.

Como habrá que esperar para ver si los vientos de cambio que llegan desde la cofradía que está acaparando la mayor parte de la información cofrade en los últimos meses se convierte también en realidad. Otra destitución que sería muy injusta porque los cimientos que se han ido levantando en los últimos años son muy sólidos y porque la persona señalada tiene una capacidad y una calidad indiscutibles.

Desde luego quien la lleva la entiende y huelga decir que una junta de gobierno es absolutamente soberana para tomar decisiones de esta índole. Pero, ¿qué quieren que les diga? Creo que los cambios tienen que tener un sentido y una lógica y estar basados en motivos objetivos. Y que nadie debería dejarse llevar por otras motivaciones. Veremos qué pasa, pero los rumores son insistentes y cuando el río suena…

Otros cambios de martillo, que tanto desean algunos, no llegarán seguro, ni a corto ni a medio plazo. Lo que no quiere decir que no sean necesarios, porque lo son. El desastre en el que se ha convertido el palio no puede ocultar que en el misterio las cosas no van bien desde hace tiempo.

Y, digo yo: ya que hay por detrás personas sobradamente preparadas para coger el testigo, ¿por qué no se habla con el número uno para que comprenda que el momento de echarse a un lado, para dejar el testigo al dos y al tres, puede haber llegado? En mi opinión sería la mejor medida posible, aunque comprendo que Zamora no se conquistó en una hora y que los cambios deben hacerse de manera paulatina.

En cualquier caso, todo apunta a que en los próximos meses las cosas van a estar muy divertidas. A fin de cuentas son estas cosillas las que nos tienen entretenidos, ¿no?

Yo, personalmente, estoy deseando comprobar cuáles son las primeras decisiones que toma el sucesor de Manuel Bonilla en la Cena, que tiene una patata caliente encima de la mesa en forma de agrupación musical.

Y me muero por saber si Joaquín de Velasco sigue al frente de la Buena Muerte para continuar su “ardua labor de reformas” (es broma), emprendida en su primer mandato y que se traduce en la nada más absoluta.

Y por ver la cara de quienes han negado anteayer la entrada de la Quinta Angustia cuando el obispado diga que entra y punto.

Y la de algunos hermanos mayores cuando se impongan medidas durísimas a las nuevas cofradías para incorporarse a la carrera oficial después de habernos tragado lo que nos hemos tragado en las últimas décadas (y nos seguimos tragando cada Martes Santo), en un ejercicio de injusticia que debería ser denunciada por muchos.

Y saber si vuelve a salir a la calle la Virgen de la Victoria… son tantas las cosas por contar que, aburrirnos no parece que nos vayamos a aburrir… si no nos derretimos antes con este calor inhumano que ha logrado que el verano haya llegado a provocarme más desafección, incluso, que las propias cofradías cordobesas…