Hace ya tiempo que la música cofrade entró de lleno en un proceso de evolución -en algunos casos involución- que le hizo tocar temas y ámbitos muy alejados de los cánones de la música cofrade. Bandas sonoras de películas, introducción en los repertorios de villancicos ajenos a nuestra cultura y un continuo arrodillamiento ante coplas de carnaval que nada aportan a un universo en el que la innovación ha tomado los repertorios de una gran cantidad de formaciones musicales cofrades, son tomados como referencia con el objeto de alcanzar el tan ansiado y susceptible de obsesión «hype» en redes sociales que moviliza al mundo en forma de avalancha y despeina las mentes.
Tendencias «ilustradas» que muchas veces atentan contra lo más preciado y el fin esencial de la Semana Santa y contra su propia naturaleza con el único propósito de quedar bien en una sociedad tendente a señalar con el dedo a todo lo que huela a incienso. Letras despreciables que funden la inquina con la música en forma de carnaval y que mucha gente repite como si fuera «el padrenuestro» y que calan en el repertorio de algunas formaciones musicales que no ceden en su intento a ser bendecidas por el «dios» chabacano de los papelillos y serpentinas, renunciando a su cometido y poniendo la otra mejilla ante el continuo ataque de ciertas personalidades de ese mundillo hacia los símbolos de la cristiandad.
Así pues, una de las últimas muestras de esta afección inusitada ha sido la adaptación realizada por la A.M. Encarnación de Sevilla de la presentación de la Comparsa «Los Carnívales» de Antonio Martínez Ares en los prolegómenos de la salida procesional de la Virgen de Valme y San Fernando. Un grupo que dedicó bonitas palabras al clero como en uno de sus cuplés en el que rezaba a «un cura hijo puta» y otras como «todos estos son trofeos, de muchas victimas su ropa, sus cabezas disecadas, pedacitos de su cuerpo, de toda una la vida luchando con la reina de nuestros huesos». Modus Operandi de este «poeta» que incendió las redes con su «jamás sonó más fascista la marcha de la madrugada… la Macarena» y digno hacedor de ultraje tras ultraje contra la Semana Santa y la Iglesia.
Otras adaptaciones, como la del «Credo» de Juan Carlos Aragón forman parte, también, de la mecánica seguida por las agrupaciones musicales que en su afán por salir de su incomprensible infravaloración optaron por acariciar música y letras de autores que propugnaron una curiosa forma de libertad que arremetía contra todo lo que oliera a catolicismo y salvaba a los tiranos que siempre influenciaron la tradición carnavalera como una forma de expresión contra los mismos. Ataques viles y crueles contra nuestra religión que enmascaran con bella música y una exacerbada parodia capaz de ridiculizar públicamente a todo el que no piensa como ellos.
Y créanme, pienso realmente que hay mucho talento en muchos de los autores que profesan la práctica del carnaval, sin embargo también creo que lo desechan atacando siempre a la institución eclesiástica y hermandades con el fin de parecer más revolucionarios que nadie y más adscritos a la modernidad que hoy domina el horizonte social. Ejemplos como el de Cascana con la chirigota «Aquí estamos de paso», flaco favor hacen a su fiesta y a una de las tradiciones más importantes de su tan amada ciudad, como es la Semana Santa.
Y es que buscar el aplauso fácil contribuye a la mediocridad al igual que lo hacen las formaciones musicales en la búsqueda constante de la modernidad a modo de crossover entre dos mundos, que muchos definen como similares, pero realmente distan mucho entre ellos.





