Cruz de guía | «Convertíos a mí de todo corazón»

Miércoles de ceniza. El período cuaresmal se abre ante nuestros pies. Otro año más el Señor nos invita a seguirle en este camino de cuarenta días hacia su Pasión, Muerte y Resurrección. Cuarenta días para convertirnos, cuarenta días para limpiar nuestros corazones, cuarenta días para ayunar y rasgar el atavío del alma.

«Tocad la trompeta en Sión, proclamad un ayuno santo, convocad a la asamblea, reunid a la gente, santificad a la comunidad, llamad a los ancianos; congregad a muchachos y niños de pecho; salga el esposo de la alcoba, la esposa del tálamo», nos dice la primera lectura en el seno de la profecía de Joel. El camino se ensancha para recibir el designio divino que dotará de salvación a la humanidad un 31 de marzo.

Señor, ten compasión de tu pueblo, que en este día en el que multitud de ciudades rememoran las catorces estaciones del camino a la cruz, lo mires henchido de tu cuerpo y sangre para aplacar los corazones del dolor que supone la espera. Cuarenta días para volver a oler a incienso, cuarenta días para escuchar los sones del corazón, cuarenta días para el Domingo de Palmas, cuarenta para volver a la vida.

Volverán los costaleros, los vía crucis, los triduos, los quinarios, los retranqueos, las saetas, los rezos, los nazarenos y en pocos instantes habremos abierto nuestros párpados para contemplar la grandeza de un nuevo Domingo de Ramos.