Dicen que hay tres días del año que brillan más que el sol. Me gustaría rectificar esa afirmación y añadir un cuarto día representado en la jornada de la realeza de la figura de Cristo. El reflejo de la luz plena del sol sobre la corona de un Rey que hizo del poder piedad en uno de los días más importantes para la Iglesia Católica y que muchas de sus Cofradías magnifican en poderosas efigies sentadas sobre un trono en actitud de majestad.
Pero, sin duda, y en la plena opinión de quien les escribe, la más especial reside en una pequeña Iglesia de un humilde barrio de una ciudad del norte de la tierra andaluza. Sobre sus pies, sin pedestal ni trono se levanta la imagen que tallara una de las figuras femeninas más influyentes de la escultura actual. Lourdes Hernández dio vida al Divino Maestro y Rey del Universo que cada año abre la Semana Santa linarense y que cada 26 de noviembre se presenta sobre sus plantas, con cetro de Rey, mirada firme y tez calmada sobre una alfombra real flanqueado por un dosel terciopelo rojo que reza la frase «Rex Regum».
Dios y Maestro de tantas generaciones que pasan por el remozado mármol y reparan en tu presencia, ante la vista atenta de sus discípulos ante el impávido rostro que deviene la salvación, no sin antes haber bajado a los infiernos. Domingo de luz, no el de palmas, sino el de Cristo, Rey del Universo que en San José espera el esperado beso de la plebe que un día de pandemia se apagó y que muy pronto volverá a renacer…
«Y en su manto y en su muslo tiene un nombre escrito: Rey de Reyes, Señor de Señores»





