Cruz de guía | Debemos creérnoslo

Sublime. Así definiría la jornada del pasado sábado en Linares. La caracterización de la perfección hecha procesión sobrevino sobre la muchedumbre que se agolpaba en la lonja de Santa María, como invocación del Lunes Santo que no fue. Un día excelso para mostrarle al mundo el potencial escondido de una ciudad que no creyó en su Semana Santa.

Durante muchos años hemos estado dormidos, a merced de Semanas de Pasión de capitales y ciudades que sabían como sacarle partido a sus cofradías y hermandades. Y es aquí es donde reside la virtud. La capacidad de mostrarse al mundo y de alcanzar una difusión plena es lo que nos ha fallado en esta ciudad durante años traducidos en un continuo estancamiento sin miras y sin objetivos claros en los que revocar una situación agravada por las constantes crisis económicas. Una sensación de desesperanza que en los últimos años parece haber remitido, seamos prudentes, a través de un trabajo de difusión y de renovación.

Sin más, la procesión extraordinaria de la Oración en el Huerto demostró el potencial que, con alicientes, puede adquirir nuestra Semana Santa con respecto a prodigarse en el exterior. Y digo con alicientes porque, en efecto, las formaciones musicales y en especial Tres Caídas de Triana, tuvieron mucho que ver en la gran cantidad de personas que se acercaron a la ciudad de las minas para contemplar uno de los Misterios más portentosos de la ciudad y, quizá una de las mejores conjunciones.

El sábado vivimos lo que, sin duda, contemplarán las personas que no estuvieron presentes, a través de grandes canales de televisión o de YouTube. La majestuosidad de un acontecimiento extraordinario que quedará en el memorial colectivo de los cofrades y en el corazón de la ciudad de Linares en los años venideros.