Cruz de guía | El Corpus en Linares: ¿renovarse o morir?

El Corpus Christi no es solo una procesión más en el calendario; es una parte muy nuestra, donde la fe, la historia y la esencia de la ciudad se dan la mano para honrar lo más grande: la presencia real de Jesús Sacramentado.

Esta fiesta nos viene de lejos, de cuando nuestros abuelos y sus abuelos ya se vestían de gala para acompañar al Santísimo. Desde entonces, las calles de Linares se visten de fiesta para ver pasar a Jesús, y las hermandades sacramentales, como la Basílica de Santa María la Mayor, ha sido siempre el motor de todo, cuidando con mimo esta tradición central de nuestra fe. Su labor es fundamental para que el Cuerpo de Cristo sea el verdadero protagonista de la jornada.

Y si hay algo que nos hace únicos en el Corpus, son nuestras alfombras de serrín y flores. Horas y horas de trabajo de nuestra gente, de vecinos que se dejan el alma para que el camino de la Custodia sea un tapiz de colores y olores. Son un regalo, una manera preciosa de mostrar nuestra fe, que se renueva con cada pétalo, con cada trocito de serrín, todo para agasajar a Jesús en la Eucaristía.

Esas imágenes de los niños, recién comulgados, tirando flores al paso del Santísimo, son de las que se quedan grabadas en el corazón. Son el futuro de nuestra tradición, la savia nueva que garantiza que el Corpus seguirá latiendo en Linares. Y ver a nuestras autoridades acompañando, es la confirmación de lo importante que es esta fiesta para todos, más allá de lo religioso, siempre con el foco en la Eucaristía como centro.

Una revitalización necesaria y el engrandecimiento de la fiesta en el punto de mira

La procesión del Corpus Christi en Linares no ha tenido su preceptiva importancia en el calendario religioso de la ciudad. Aunque la participación en la procesión siempre ha sido masiva, el fervor alrededor de la fiesta se ha reducido a un desfilo más propio de una cabalgata que de la procesión de Jesús Sacramentado. Una isla casi en el ocaso del curso cofrade que requiere una mayor profundización y revitalización. Así pues, una de las novedades del presente año es, sin duda, la participación de San Juan Evangelista en uno de los altares que recibirán al Señor. Con el aliciente que conlleva una procesión de ida y vuelta, la Hermandad del Prendimiento pone algo más de colorido a una fiesta recluida en el intervalo de escasas horas. Un periplo que no hace tributo a la festividad más importante del año litúrgico.

La necesidad de una mayor implicación pasa por el montaje de más altares a lo largo del recorrido. Estos altares no solo embellecen el paso, sino que ofrecen puntos de referencia para la oración y la contemplación, enriqueciendo la experiencia para los fieles. Además, sería un acierto articular un calendario de actos y conciertos previos o paralelos a la procesión. Imaginen conciertos de música sacra en los días previos, charlas formativas sobre la Eucaristía o exposiciones temáticas que preparen el ambiente y profundicen en el significado de la fiesta. Estas iniciativas no solo potenciarían el Corpus a nivel devocional, sino que lo consolidarían como un evento religioso y cultural de primer orden en Linares.