Cruz de guía | El enésimo ejemplo de un descalabro de manual

La reciente denuncia de Isabel Salces, presidenta de la Sociedad Filarmónica de Jaén y del Consejo de Bandas de Jaén, destapa una triste realidad que se esconde detrás de la aparente armonía y camaradería de las agrupaciones musicales. Los hechos ocurridos durante la procesión del pasado sábado son un claro ejemplo de cómo el respeto en el mundo de las bandas ha pasado a ser un mundo de confrontación.

Las bandas de música, lejos de ser espacios aislados de la realidad social, se han convertido en microcosmos donde se reproducen las mismas dinámicas irrespetuosas y de superioridad moral que afectan a los componentes de un mundo que se tendría que caracterizar por la sencillez y la humildad. Todo un desafío para un área de la Semana Santa cada vez más polémico, que se traduce también en las continuas polémicas que acaecen por la constante competitividad entre bandas.

El capítulo protagonizado por la A.M. Jesús Despojado es el enésimo síntoma de descalabro que sufre un mundo de las bandas convertido en una lucha de egos y de superioridades como máxima para conseguir el ostentado objetivo de ser mediático. Sin embargo, este un aspecto que también hemos fomentado los medios al entrar en el juego de una continua contienda entre las bandas y su lucha por conseguir el mejor contrato, traducida en comportamientos abusivos de sus propios componentes.

En definitiva, el caso de Isabel Salces vuelve a sonrojar al mundo de las bandas como el millonésimo ejemplo de un camino equívoco que podría encontrar un desenlace aún peor con el paso de los años si las propias formaciones no consiguen poner remedio.