Hoy es uno de esos días en los que el corazón se resiente. Un día para olvidar, lleno de dolor y tristeza. Hoy, esta columna cofrade se aleja de la algarabía de las hermandades y bandas para sumergirse en el silencio. Sí, un silencio en el que solo se atisba el sonido de las gotas de agua, del llanto desesperado y de la reflexión sobre el valor de la vida.
La DANA que ha azotado a Valencia y demás comunidades ha dejado una huella imborrable, un testimonio del poder de la naturaleza y de la fragilidad humana. Ante semejante catástrofe, es natural que nos preguntemos dónde encontrar consuelo y fuerza para seguir adelante. El fenómeno meteorológico que ha dejado un centenar de fallecidos ha acallado el griterío y el desenfreno de los temas sin importancia que inundan por doquier las redes sociales, para centrar la atención en lo verdaderamente importante: el valor de la vida.
Hoy la fe actúa como bálsamo para esas personas que han perecido en la discordia implacable de una borrasca. Sí, el enemigo de la Semana Santa también, en ocasiones, es enemigo de la vida, un elemento que proporciona vitalidad y la arrebata y que nos hace reflexionar sobre lo efímero que es la existencia humana, pues nos debemos a Dios.
Y es que la fe no promete una vida exenta de sufrimiento, pero sí ofrece herramientas para afrontarlo. La esperanza, la resiliencia y la confianza en un futuro mejor son valores que pueden ayudarnos a superar incluso las pruebas más complicadas.
Hoy es día de silencio. De Dios venimos y a Dios volvemos. Descansen en paz.





