Cruz de guía | El valor patrimonial. ¿El eje más importante de un programa electoral?

Finaliza la sucesión de elecciones en las cofradías de Málaga que aún tenían pendiente la renovación de sus juntas de gobierno, como mandan los estatutos. Una vorágine de comicios que ha llevado a las urnas a alrededor de una decena de hermandades con el objetivo de comenzar y prorrogar proyectos de futuro de carácter patrimonial, formativo, de caridad y hermanamiento.

Y es que la necesidad de adaptarse a los tiempos, las exigencias del propio tiempo y, por qué no decirlo, los proyectos fallidos y las malas decisiones determinan la consecución de objetivos repetitivos que no terminan de afianzar la estabilidad en el mundo de las cofradías. Hablo, por tanto, del surgimiento del deber que atañe al cambio constante en las hermandades provocado por la sucesión de ternas con ideas muy distanciadas que sucumben ante la falta de tiempo para materializarlas y ante la evaporación que suele sufrir la confianza de los hermanos cuando es perceptible la deriva en la que se encuentra la cofradía.

Una deriva que se traduce en la no efectuación de proyectos patrimoniales o en la no conclusión de los mismos, algo que redunda en la incapacidad de alcanzar ese éxtasis estético de una hermandad en la calle que obsesiona a las corporaciones tanto penitenciales como gloriosas.

Así pues, muchas de las cofradías que han celebrado sus comicios en estos últimos meses, caminan por los derroteros que conducen a enfrentar proyectos de cambios de imágenes en colosales misterios, hechura de nuevos palios o la conclusión de tronos procesionales. Multitud de propósitos de carácter patrimonial denotan la importancia que tiene el esteticismo y la belleza en la puesta a punto para la Semana Santa sobre el ámbito formativo y el caritativo que han sido opacados y llevados a un segundo plano. Aún así siguen suponiendo, estos últimos, dos ejes importantes dentro del círculo cofradiero que responden a la necesidad y al imperativo que diócesis y archidiócesis exigen a las corporaciones y asociaciones afines.

Lo que sí está claro es que el valor patrimonial de las cofradías ha derrotado a sendos compañeros de viaje. Y es que la percepción de la belleza en su máxima expresión se ha hecho con gran parte de los corazones de un mundo en el que cada vez más personas subrayan el carácter cultural de una fiesta eminentemente religiosa.

Las cofradías detectaron hace muchos años la necesidad de reinventar ciertos aspectos que les permitieran adaptarse a los tiempos convulsos que han sacudido a la sociedad española. La estética superó a la trascendencia y la lindeza a la confraternización. Estos dos aspectos alcanzaron altas cotas de popularidad en el momento que el barroco instauró la perfección en el ámbito patrimonial de las cofradías. Algo que dio paso a la sucesión de proyectos patrimoniales que supieran captar la atención de un espectador cada día más embriagado por los sentidos.

Hoy día, los proyectos patrimoniales ocupan las primeras páginas de los cada vez más estandarizados programas electorales de nuestras hermandades. Un signo de la transformación y «profesionalización» que sufren las cofradías ante la obsesión de perfeccionamiento material que vivimos en nuestra sociedad.