La pregunta no es menor. Afirmar que una imagen es la primera devoción mariana hallada en toda Andalucía implica una carga histórica considerable, y conviene aproximarse a ella con el rigor que merece, sin restar ni un ápice de valor a la veneración que los linarenses profesan a su patrona.
Hace unos cuantos días, comencé a ojear el libro que Carmen Eisman Lasaga editó tras el acontecimiento más importante de la historia actual que envuelve a Nuestra Señora de Linarejos Coronada. La obra La Virgen de Linarejos. Su coronación y otras noticias contenidas en un manuscrito del siglo XIX, publicada por el Instituto de Estudios Giennenses, es uno de los mejores ejemplos de los que han dejado inscrito la historia de la casi milenaria devoción mariana. Configura un mapa disponible para orientarse en este laberinto de fechas, tradiciones y manuscritos. Y lo que ese mapa revela es, ante todo, una extraordinaria complejidad.
La propia Eisman Lasaga dedica la introducción de su libro a trazar una panorámica de las imágenes marianas veneradas desde la antigüedad en el Santo Reino de Jaén, y el panorama que describe es el de una tierra densamente poblada de devociones que se remontan, la mayor parte, a los siglos XIII y XIV. La Virgen de la Cabeza, patrona de la diócesis de Jaén, se apareció al pastor Juan Rivas el 12 de agosto de 1227 en el Cerro del Cabezo, próximo a Andújar. La Virgen del Collado de Santisteban del Puerto fue descubierta el 26 de abril de 1232. Nuestra Señora de Alharilla, patrona de Porcuna, data su aparición del 25 de marzo de 1248. Son, todas ellas, imágenes con fechas documentadas o con tradiciones firmes que las sitúan en paralelo, o incluso con anterioridad, a los primeros datos conocidos sobre Linarejos.
Dentro de este panorama, ¿qué lugar ocupa la Virgen de Linarejos? Eisman Lasaga lo explica con precisión y con una honestidad intelectual que hay que reconocerle: el hallazgo de la imagen por el ermitaño Juan Ximénez, oculta bajo unas peñas mientras este dormitaba a la sombra de un lentisco, aparece fijado en el año 1227 por el autor del Festín, pero en manuscritos anteriores del mismo Gregorio López Pinto la fecha se desplaza al año 1236. La investigadora recoge la pregunta que el erudito profesor Morales Borrero dejó formulada y que resulta difícil de esquivar: ¿cómo podía haber aparecido la Virgen el 5 de agosto de 1227 y ser llevada con regocijo a la parroquia de Linares, si la villa no fue conquistada y rescatada del poder de los moros hasta el 30 de noviembre de ese mismo año? La respuesta lógica es la que Eisman Lasaga asume como más verosímil: el año 1236, que es además el que propone el propio López Pinto en dos de sus obras anteriores al Festín, tituladas Historia Apologética (1656) y en la primera parte de su Chronología y notiçias generales de todo el Mundo (1659).
Si aceptáramos la fecha de 1236 como la más plausible para el hallazgo de Linarejos, la pregunta inicial se complica notablemente. La Virgen de la Cabeza aparece en 1227, la del Collado en 1232. Ambas datan, en la tradición y en la documentación disponible, de antes que Linarejos. Y eso sin salir de la provincia de Jaén, que es el territorio al que Eisman Lasaga circunscribe deliberadamente su recorrido mariano.
Si por el contrario, aceptáramos el año 1227 como fecha de aparición, concretada en el 5 de agosto, tal y como defiende la Hermandad que le guarda culto, estaríamos hablando de, posiblemente, la primera devoción mariana en existir en las fronteras que delimitan la actual Andalucía.
Sin embargo, nada de lo anterior mengua el valor extraordinario de la devoción linarense. Carmen Eisman Lasaga construye su libro sobre la base de un amor riguroso hacia su materia: el análisis del manuscrito inédito del siglo XIX de Antonio Cobo y Velasco, la crónica de la coronación canónica de 2004, la floresta de poesías que durante siglos han cantado a Linarejos.
Lo que sí puede afirmarse, a la luz de su obra, es que la Virgen de Linarejos, por tradición, cumplirá su 800 aniversario sobre la faz de la tierra el próximo año como una de las devociones marianas más antiguas y mejor documentadas de la provincia de Jaén en particular y de Andalucía en general. Con una presencia en la memoria colectiva de Linares que, como señala la propia autora, se ha mantenido «inalterable a través de los siglos» y una historia reconstruida con paciencia a través de manuscritos del siglo XVII y del XIX, con una riqueza que pocas imágenes patronales pueden igualar.





