Casi una semana después de la presentación del Cartel Oficial de la Semana Santa de Sevilla y aún siguen resonando las críticas hacia una obra pictórica que luce la imagen de un Cristo Resucitado juvenil y bello, de tez pálida y barba refinada, pelo suelto y contraposto.
Provocativa y sin ánimo de representar un ápice de la Semana Santa de Sevilla, más allá de utilizar las potencias del Cristo del Amor y el paño de pureza del Cachorro, la imagen ha servido de comidilla a los distintos programas de televisión nacional que eluden sistemáticamente cualquier temática referente a las Cofradías y Hermandades, si no es de su interés político o ideológico. Opiniones en contra de la libertad de expresión de las personas y que emanan de estos seres de luz en el reflejo que ha utilizado Salustiano para arremeter contra los cofrades y no cofrades que no compartían la idoneidad de la obra para representar una Semana Santa como la de Sevilla, tildándolos de «ignorantes» en directo y para toda España, forman parte de una continua vorágine que se viene repitiendo desde el pasado sábado en redes y medios.
Flaco favor el que le ha hecho el autor a su tierra ante la ola de intervenciones que ha profesado a lo largo y ancho de la televisión digital terrestre y que no solo no han servido para promocionar la Semana de Pasión sevillana más allá de las lindes de Andalucía, sino para concederle al autor un puesto privilegiado en el espectro de los seres de luz que marcan lo que está bien y mal.
Magistral a nivel de ejecución, no todo iba a ser malo, la obra, no obstante, no hace sino que agravar la situación de un Consejo que sabía a lo que se exponía cuando eligió al autor para uno de los cometidos más importantes de la Semana Santa. Más allá de los problemas surgidos a raíz de los itinerarios y recorridos de las Cofradías, la máxima entidad cofrade de la ciudad se ha embarcado en una tempestad de la que ha salido mal parada evidenciando así la deriva artística en la que se encuentra la cartelería de la Semana Santa sevillana en los últimos años. Una deriva que se ha transmitido a otros enclaves de nuestra comunidad que han denotado la falta de aire fresco en las pinacotecas ante tanta ansia de originalidad y modernismo.
Y es que la inventiva constante y la necesidad de llamar la atención ha regado de indiferencia y de bajas expectativas las mentes de los cofrades ante una decadencia de obras contrastadas en el ámbito de la promoción cultural y religiosa de la fiesta. Ejemplos como Málaga, Cádiz y Sevilla denotan la más clara síntesis de una cartelería que no emociona y no representa, sumado a la celeridad y a la constante innovación que los artistas aplican en sus obras, nos queda más que obras contemporáneas vacías de contenido y de la esencia que profesa la Semana Santa.
La presentación del cartel de Sevilla supone así la culminación de la degradación de la cartelería que este año ha dado el pistoletazo de salida al camino que conduce a la Semana Santa y ha encumbrado la hipótesis del más que posible retorno a la fotografía como medio de expresión y de representación más limpia y clara de la realidad cofrade.





