Cruz de guía | Lo musical y lo efímero

Las despedidas de bandas continúan suponiendo un desbarajuste emocional para los fieles y espectadores En el universo de nuestras cofradías, todo es efímero, incluso los contratos que sellan binomios que se alargan en el tiempo. El simple beso de la fragilidad nos permite disfrutar mejor de los momentos que cada año encuadran estampas donde el devenir musical es distinto. La banda sonora va cambiando año a año porque nadie quiere vincularse demasiado. Lejanía, horas de procesión, estilos, todo puede ser un motivo para romper vínculos contractuales que reflejan el sentido de la vida: hay que aprender a dejar atrás.

Recientemente hemos visto cómo ciclos que parecían eternos llegaban a su fin. Doce años de armonía se rompen cuando la música deja de sonar tras un paso, como ha ocurrido con la desvinculación de la Agrupación Musical Jesús Despojado de Jaén y la Columna de Cabra. Trece años donde los músicos no eran acompañantes, sino «los pies de la fe» de una familia que los vio crecer. Del mismo modo, en Linares, el histórico binomio entre la Banda del Rosario y el Nazareno se ha disuelto, por segunda vez, por motivos organizativos y cambios horarios, dejando en el aire el eco de tantas Madrugás que ya son historia viva de la ciudad.

Este trasiego constante de contratos a menudo se ve acelerado por el postureo en redes sociales, donde la imagen inmediata y el impacto digital parecen imponerse a la solera de los vínculos añejos. Se busca el estreno ruidoso por encima de la madurez musical, olvidando que la fe no entiende de métricas de popularidad y que el verdadero acompañamiento se fragua en el conocimiento mutuo tras cada revirá.

Sin embargo, entre tanta despedida, siempre emerge un chute de esperanza que nos recuerda la vitalidad de nuestra tierra…