Retumbaron de nuevo los cimientos de la sociedad cofrade sevillana. La más que anunciada salida de la banda de la Redención de la Hermandad de la Milagrosa ha vuelto a sacudir el parqué de juego del mercadeo en que se ha convertido el mundo de las bandas. Reacciones por doquier a una decisión más que sabida y que llegó, demasiado tarde. No hace falta alargar la incertidumbre de algo más que apuntalado por la rumorología. Al fin y al cabo, lo único que consigues es alimentar el continuo circo televisivo y los corrillos para convertirlo en un sinsentido en el más puro significado de la palabra.
No hay que hacer de esto un drama. Comprendo que son momentos difíciles y que lo que le ha pasado a la Redención es el inicio del trayecto para acabar con la presencia de otras formaciones musicales que ya tienen los días contados en la capital hispalense.
El problema nunca ha sido del nivel de la banda, el estilo es único, la interpretación exquisita. No se trata de cambiar el estilo, no hace falta recurrir al marketing. Si quieres Redención compras Redención, si quieres Virgen de los Reyes compras Virgen de los Reyes, si quieres Pasión de Linares, compras Pasión de Linares. No hay necesidad, como dicen por ahí, de recurrir a otros estilos ni la larga lista de autores que señalan ser los salvadores de una crisis instituida desde las tendencias.
No hay crisis en una formación que mantiene su interpretación y una impecable calidad musical, simplemente el ascenso de distintas tendencias o la polaridad de la sociedad cofrade mantienen en lo más alto a formaciones durante indeterminados intervalos de tiempo. Las modas van cambiando con el paso de los años y ahora le ha tocado a Virgen de los Reyes, como en su tiempo le tocó a Redención o en los últimos años a Rosario de Cádiz. En mayor o menor medida, las fluctuaciones de las tendencias se ceban con formaciones que trabajan muy bien, pero no consiguen el reconocimiento pleno a esa labor. En algunos casos, se crean climas de inestabilidad -mal entendida puesto que el problema no reside en la calidad musical- en la abstracta e injusta medición que establece el número de contratos que una formación posea en una capital. En este caso, la pérdida de un contrato en la capital hispalense
Seguramente, no quede ahí la dosis de cambios drásticos de estilos. Muchos ya tenemos asumidos varios cambios musicales que van a acaecer en un futuro próximo. Si bien, no existe una solución sencilla, sino el trabajo, el saber estar y el saber evitar prácticas que alejen a nuestras bandas de su verdadero cometido, que no es otro que el de acompañar a Imágenes Sagradas.





