Como ocurre cada año tras la rememoración de la Semana de Pasión, el ascenso de los rumores de cambios de bandas vuelve a fluir en el extenso mar cibernético que tanto está dando que hablar durante los últimos años. La inestabilidad contractual entre bandas y hermandades continúa dejando un reguero de idas y venidas ante la atenta mirada del jartible que se alimenta de este baile de cambio de cromos al más puro estilo futbolístico.
Dicen que la feria de Sevilla se creó para hablar de Cofradías, lo que nadie mencionó es que el predominio de los rumores musicales iba a hacerse con la mayor parte de debates que se viven hoy en día en el Real de los Remedios. El auténtico batiburrillo de opiniones a favor y en contra, la presión externa y la fragilidad de compromisos convierten el ambiente musical en un entorno tóxico a la par que morboso con grandes dosis de intereses personales.
Y es que el mundo de las bandas ha degenerado en una forma de vida más típica del período de traspasos de un equipo de fútbol que de agrupaciones de carácter sacro. El simple intercambio de bandas refuta un hecho que se hace palpable con gran virulencia en los meses posteriores a la Semana Santa. Así pues, este año, el baile continúa su curso a pesar de que más de la mitad de formaciones musicales de Andalucía no han conseguido procesionar a causa de la lluvia, algo que refleja el, a veces, sinsentido que supone el cambio de bandas en las hermandades y la desavenencia posterior ante la incertidumbre de superar, igualar o desmejorar la calidad interpretativa de la formación saliente.
Hoy en día priman muchos aspectos de carácter técnico a la hora de elegir banda. La psudoprofesionalización de la música procesional ha revocado el carácter amateur de las antiguas formaciones que ven hoy en día como priman aspectos tan volátiles como el coloquial pellizco o el empuje, a parte de la calidad. También evaluamos a una formación musical por rúbricas de cuerdas, es decir por relevancia musical en un determinado instrumento, por no hablar de la variedad del repertorio.
Para gustos colores, los repertorios continúan buscando la fórmula secreta para destacar en un ambiente en el que lo moderno está a la orden del día y lo clásico en la trastienda de la música. Quizás hayamos pecado de rancios en algunos tiempos, pero lo que es seguro es que la atención se ha convertido en el máximo exponente de una salida procesional y en la capacidad más complicada de modelar para una formación que pretenda obtener el éxito y un escaparate que le catapulte al olimpo.
La samba está servida…





