Cruz de guía | Suspiros, llantos y el látigo de Nelson

Barruntaba la idea de redactar una crónica de la Semana Santa que tradicionalmente habito, la de mi tierra, la de Linares, pero es que iba a ser tan repetitiva como lo han sido estos días de irremediable desconsuelo ante la aparición de un microclima en el sur de la península que ha arrastrado por tierra el trabajo anual de un altísimo porcentaje de Cofradías.

Nelson, o como así denominaron los expertos a la borrasca que ha sacudido Andalucía (guiño al capitán que murió en Trafalgar, sino me maten), ha conseguido igualar en muchos de los rincones de esta tierra las estadísticas más desastrosas de hermandades en la calle a lo largo de la línea del tiempo de la memoria. Una línea del tiempo que nos retrotrae a los años 2007 y 2011 en los que el número de hermandades que lograron procesionar son similares. Solamente en Linares, el año 2007 superaría a este 2024 como el año con menos cofradías en las calles. Un triste récord que reportó un número ínfimo de corporaciones que consiguieron salir, aunque con infinidad de problemas, en una Semana Santa que consiguió levantar ampollas y quedar grabada en el imaginario colectivo de la ciudad

Volviendo al pasado más reciente, la Semana Santa de Linares 2024 se lleva un fulgurante vacío para el cofrade de a pie que solo pudo ser testigo del transcurrir de cinco cofradías. Borriquilla, Santa Cena, Columna, Nazareno y Nazareno de la Estación fueron las afortunadas de una semana que recobró el carácter invernal de aquellos tiempos del mes de marzo que tantas precipitaciones y lágrimas dejaron a su paso. Únicamente cinco, el alfa y la omega de dos años, el 2023 y 2024, antagónicos.

Y es que el buen sabor de boca que dejó la Semana Santa del pasado año, con pleno meteorológico incluido, ha contrastado de forma fehaciente con una Semana de Pasión que ha dejado a nueve hermandades en el templo. La primera, la Oración en el Huerto que vio como ni tan siquiera las predicciones auguraban tregua alguna frente a la inquebrantable borrasca que se cebaba con la cofradía linarense, tras una jornada llena de contrastes -la del Domingo de Ramos- en la que los avisos de lluvia empezaron a aflorar como preludio de una muerte anunciada.

Le siguieron la Hermandad de la Vera Cruz, sin posibilidad de cambiar un panorama desolador que dejó impracticable las calles y las aceras, y la Hermandad de los Estudiantes que anticipó su decisión -tal y como lo hizo la Hermandad de la Oración- para evitar el correcalles de nazarenos y bandas hacia una trasera de San José que solo se abriría para la acogida de visitantes.

La tónica habitual de una Semana Santa pasada por agua puso también su mano sobre el Vía Crucis de la Juventud que, sorprendentemente, se quedó en casa de forma inusual. Igualmente las dos primeras hermandades de la jornada del Jueves Santo -Rescate y Prendimiento- suspendieron sus respectivas estaciones de penitencia ante los avisos de lluvia. Sin embargo, la Hermandad de la Columna recibió la aprobación de los expertos meteorológicos para poder procesionar con total normalidad y quitarnos parcialmente el mal sabor de boca de una de las jornadas señeras de la Semana Santa linarense.

Mientras tanto, la Hermandad del Nazareno anunciaba el acortamiento de su estación de penitencia durante la mañana del Viernes Santo tras una madrugada llena de emociones sin sabes que posiblemente hubieran abierto la gallina de los huevos de oro con el descubrimiento de la posible fórmula que espantase los fantasmas de una procesión eterna y en algunos enclaves vacía de expectación.

Pero el espejismo vivido durante la mañana se disipó con la llegada del frente que dispersaría las ilusiones de los hermanos de la Hermandad de la Expiración, cuando en la Plaza de San Francisco la Corporación recibiría la visita inesperada de un chubasco disperso con la intensidad necesaria como para recoger la Cofradía que no había terminado de salir. Así pues, la suspensión de la estación de penitencia de la Hermandad del Descendimiento también supuso un jarro de agua fría para la ciudadanía cofrade linarense

No obstante, la Hermandad del Santo Entierro disfrutaría de ese compás de descanso que dio el tiempo para lo que a la postre sería el colofón a una triste Semana de Pasión, que de forma oficial concluiría con la suspensión de la salida procesional por parte de la Cofradía del Resucitado.

La consumación de una Semana Santa casi en blanco abre un frente de ilusión hacia un 2025 que esperemos que sea pleno y con la reconversión necesaria de la Carrera Oficial a toda máquina y hacia el recién estrenado tiempo de glorias que traerá novedades y un abanico de posibilidades para saciar la sed de cofradías de los cofrades.