La magna de Jaén fue el reencuentro con la grandiosidad perdida. Una jornada maratoniana que supo entroncar los sentimientos de gran cantidad de municipios en el corazón de la capital del Santo Reino. Una puesta en escena impoluta llena de colorido y una organización paupérrima que se tradujo en parones interminables, conjugan esa mezcolanza de sentimientos encontrados.
Nunca se había vivido algo así en la provincia de Jaén. Nos estrenábamos y eso era bastante para empezar a exigir responsabilidades a entidades que nunca antes habían organizado acontecimientos de tales características. No existió la crítica más allá de la aislada a la más que rebatible idea de colocar a las veinte imágenes del Rosario Magno en una más que horripilante calle Virgen de la Cabeza, por más que intentaran adecentarla.
La jornada comenzó muy temprano con los traslados de las imágenes a las faldas del centro comercial «El Corte Inglés». Lugar antiestético por antonomasia. Grandes devociones como la Virgen del Alcázar, la Virgen de Tiscar o los Santos Patrones de Arjona se dejaron ver en una jornada histórica donde destacaron los misterios dolorosos y el portentoso trono de la Santa Cena de Linares.
Tras las eucaristía conmemorativa del Jubileo, a eso de las 16h, echó a andar el interminable cortejo que no abandonó el recorrido oficial hasta eso de las 23:30h de la noche. más de siete horas de paso y un sinfín de formaciones musicales llenaron de melodías y color las principales arterias de Jaén que desembocarían en la seo jiennense. Allí con un aclamado coro y orquesta de refinadas notas, marcaron el paso de los cuatro misterios del Rosario.
Posteriormente, el regreso de las hermandades en un apoteósico caminar que nunca dejó de ser lento, enmarcó la noche en la que quedaron escritos binomios para la historia como el del Huerto de Andújar y la Centuria Macarena o la Salud de Córdoba con el Cristo de la Humildad de Alcaudete. Mención aparte tuvo el andar del Señor de la Resurrección de Linares con la A.M. Nuestro Padre Jesús de la Pasión con una evocadora muchedumbre recordando por momentos al Tiro de Línea que cada Lunes Santo encoge los corazones del sur de la vieja Híspalis. Un sinfín de emociones que se agolparon en una Carrera de Jesús de linarenses maneras, llenita hasta la bandera y de sones infinitos.
Noche inolvidable del eterno beso de la Pasión y la Gloria que la provincia de Jaén supo demostrar al mundo por un día.





