Los primeros días de Cuaresma siempre son especiales para el cofrade. La renovación de la ilusión anual y el ambiente que genera el nerviosismo, preludio del trasiego de cuadrillas costaleras, nazarenos y bandas, abarca un sentimiento único e indescriptible de la vivencia interior de cada uno. Ese sentimiento que nace del alma, ha evolucionado para, hoy en día, alimentarse de muchos factores y nuevas formas de difusión que le proporcionan una nueva dimensión, inimaginable en tiempos pretéritos.
Y es que el auge de las redes sociales y los mecanismos audiovisuales han terminado por nutrir el sentimiento del cofrade y mantenerlo vivo en épocas del año desdibujadas y poco propicias para el cofradierismo. En un principio, plataformas como You tube fundieron la emoción y la pasión cofrade en un solo corpúsculo instaurado en una pequeña pantalla capaz de rememorar recuerdos grabados y evocar escenas inéditas a los ojos de muchos cofrades de nuestra Semana Santa. Las plataformas de vídeo han inundado las redes de reproducciones de ese marco incomparable que configura la Semana de Pasión y la necesidad que surge de inmortalizarla y de edificar un sentir duradero.
Sin embargo, no solo las imágenes son las verdaderas protagonistas de este sentimiento cofrade. Las redes sociales también han designado ese espacio necesario para estimular la oratoria y el debate más allá de las tertulias cofrades tradicionales. Con ello, hemos conseguido ampliar ese auténtico rincón para hablar de Cofradías a un espacio consolidado, instantáneo y cómodo como es el ciberespacio. Con redes como Whatssapp, X o Telegram los debates inundan por doquier el ancho de nuestra vida y, aunque pueda tener sus desventajas y poner en entredicho el valor del calor humano, es irrefutable la teoría que sustenta que las redes han diversificado y pulido el sentimiento cofrade con el objeto de introducir en ese movimiento a un gran número de personas ajenas y desconocedoras del mismo.
No puedo obviar, no obstante, la importancia de los foros, como espacios de intercambio de opiniones muchas veces tóxicas, pero que dejan entrever la importancia de un mundo cada vez más amplio que vive de la necesidad de ser relatado y debatido constantemente a través de conferencias, tertulias y conversaciones que mantienen vigente el espíritu de la Semana Santa los 365 días del año.
Espacios más que necesarios que han adaptado nuestra forma de vivir la eterna espera y el clímax de una tradición que cada año llega a más gente.





