Cruz de guía | Un sinsentido de normas no escritas

Lo que ocurrió el pasado domingo, día del Corpus Christi, con la suspensiones de las salidas a costal de San Juan Evangelista en Linares y Jaén, es la tónica habitual que confecciona la doble vara de medir y la disparidad de criterios entre Diócesis a la hora de sacar a las imágenes lejos del tiempo litúrgico que corresponde a la Semana Santa. La auténtica arbitrariedad de normas entre provincias muestra la total confusión que provoca la interrogativa constante de los cofrades a las continuas negativas que se producen en diversos actos que atañen al Corpus y a otros aspectos como la música procesional en las Parroquias.

Esta situación genera una profunda frustración y desafección en el seno de las hermandades y en el sentir cofrade popular. No se trata de un capricho. Las hermandades dedican un esfuerzo ímprobo, recursos económicos y, sobre todo, una devoción sincera a la preparación de estas procesiones extraordinarias o de gloria. Cuando, a última hora, una decisión diocesana las suspende o las limita sin una justificación clara y homogénea, se percibe como un golpe a la autonomía y al trabajo de estas corporaciones.

La disparidad de criterios entre diócesis vecinas de una misma comunidad autónoma o incluso a nivel nacional resulta desconcertante. ¿Por qué en ciudades como Sevilla, Málaga o Cádiz pueden realizar traslados de imágenes sagradas a costal o cargadores en honor al Corpus, y en la de al lado se prohíbe el uso del costal o la salida misma de una imagen de gloria? Esta falta de coherencia erosiona la confianza y alimenta la sensación de que las decisiones son más arbitrarias que pastorales.

Esta «doble vara de medir» se extiende también a otros ámbitos, como la música procesional. Las prohibiciones de usar bandas en los atrios o el veto a ciertos repertorios en celebraciones que, aunque litúrgicas, tienen un componente cultural y popular innegable, chocan frontalmente con la realidad de la piedad popular. La música procesional no es un mero adorno; es parte intrínseca de la expresión de fe de muchos cofrades y un elemento que ayuda a la evangelización en la calle. Limitarla sin un criterio unificado y bien explicado parece más una restricción que una orientación.