No es reconocida como ciudad mariana y solamente posee una imagen coronada canónicamente, pero Linares se nutre cada año de sus más esbeltas tallas virginales como medio para llegar a Dios. La Puerta del Cielo nos recobra el sentimiento más certero cada mes de mayo, punto álgido de la devoción mariana en una ciudad enclavada en una tierra profundamente cristífera.
En esta provincia siempre se nos ha tildado de un posicionamiento más fervoroso hacia las imágenes del Señor, sea como fuere, y aunque la principal devoción mariana y patrona diocesana corona el cielo de las devociones más renombradas, hemos asumido dicho discurso como un mandamiento pleno. Un precepto al que honrar y del que no poder salir, al menos en el futuro más próximo.
No hemos podido estar más equivocados. Si echamos la vista atrás la Virgen ha sido la gran protagonista de las últimas décadas en ciudades como Linares. Y es que a lo largo del año las procesiones gloriosas, los rosarios de la aurora y las extraordinarias copan el calendario cofrade en una ciudad en la que se tilda de extraordinario el hecho de ver una imagen de Cristo en sus calles lejos de la Semana Santa. La verdad es que resulta sorprendente ver la profunda idiosincrasia mariana que corre por los enclaves de la ciudad, los cuales muestran la historia de sus imágenes con M de mujer a través de mosaicos protagonizados por la bendita Madre de Dios.
Los rosarios de la aurora y vespertinos, también, forman parte del día a día de la vida cofrade linarense. Casi todas las dolorosas tocan la calle en procesiones fuera del calendario cuaresmal y semanasantero, el peregrinar forma parte de la vena linarense que alcanza su punto álgido cada mes de mayo con multitud de advocaciones marianas que sobrevuelan su entramado urbano sobre zapatillas costaleras y hombros horquilleros.
Las pocas salidas extraordinarias que concurren en la ciudad, también, han tenido un fuerte acento mariano en las últimas dos décadas. Imágenes como la de la Virgen de Gracia, los Dolores, la Soledad o la Esperanza han derramado su pureza en citas excepcionales que quedaron para la posteridad de los tiempos en la memoria colectiva de la ciudad.
Por último, no me quiero olvidar de las procesiones gloriosas que engrosan gran parte del curso como el elemento vertebrador del sentir cofrade de la ciudad con advocaciones de gran fervor nacidas de la profunda religiosidad popular y mariana de las gentes. Auxiliadora, Carmen, Alegría, Cabeza o Linarejos son algunas de las advocaciones más profundas con las que el pueblo linarense escribe los versos de un libro que se escribe con M de María.
Nuestra tierra es profundamente mariana. Es algo de lo que tenemos que percatarnos, solo hay que observar detenidamente cada calle, cada Iglesia y dejar de mirar otras tierras y reverenciar costumbres ajenas que pueden acabar con nuestra identidad.





