Cruz de guía | Una herida para la eternidad

Mucho se ha hablado sobre este tema. Tertulias infinitas y debates estériles han manado sin parangón sobre temática en la que lo que prima es la subjetividad. La salida de la banda de la Presentación al Pueblo de Dos Hermanas de la Hermandad de la Estrella ha supuesto un innegable varapalo para muchos de los seguidores de la formación y de un binomio que parecía eterno, más cuando el máximo dirigente de la Cofradía de la calle San Jacinto depositó toda su confianza sobre la formación sevillana en cierto programa cofrade de la televisión hispalense.

Un varapalo para un sector conservador que se ha servido del largo rédito cosechado por la banda ante la edificación de un estilo a las faldas de uno de los grandes misterios de la ciudad. Un varapalo que contrasta con la situación victoriosa que vive una formación que ha crecido a pasos agigantados. Venida de la tacita de plata y con el gran logro de haber destronado a la banda franquicia de la corporación trianera por antonomasia.

Quizá ahora que han pasado los días se puede hablar con más tranquilidad ante un hecho que ha sacudido los cimientos de la vieja Híspalis. La crónica de una muerte anunciada que ha venido precedida de una campaña de desprestigio para mi, personalmente, inmerecida pero que ha caído como agua de mayo sobre una formación que no ha sabido sobrellevar el peso de las críticas ni poner remedio a una innegable bajada de nivel.

Comienza el tiempo de reflexionar hasta que se produzca el anuncio del ya casi por todos conocido desembarco de la banda del Rosario de Cádiz en la Cofradía de la Estrella, momento que quizá vuelva a suponer desenterrar el hacha de una guerra que ha convertido a la Semana de Pasión sevillana en un campo de batalla con licencia para criticar.

Y es que el continuo achaque de la toxicidad de las redes continúa azotando como martillo percutor cada uno de los aspectos de la vida hasta hacer opinable el más insignificante tema también ha llevado a cabo su función sobre este asunto que ha copado las páginas de los principales diarios, azuzado por estas redes de presión constante compuestas de perfiles que han descargado su ira sobre la formación musical de turno, que este caso ha sido Presentación al Pueblo de Dos Hermanas. No obstante, este mundo, en el que siempre se busca un culpable sobre el que asestar una puñalada mortal al más puro estilo de la Selección Femenina de Fútbol, siempre puede cambiar de objetivo ante la existencia de una suculenta presa a la que sacrificar.

Lo que pretendo explicitar, querido lector, es que el caso de Presentación al Pueblo y la Estrella es el primer capítulo de una larga serie de campañas de acoso hacia bandas que, por desgracia, no lo niego, han visto mermados su nivel de interpretación musical. Pero en ningún caso esto justifica los terribles comentarios que se han visto en redes sobre una formación musical que ha marcado un estilo y que lícitamente ha sido depuesta en pos de la elección de una banda top como ocurre y seguirá ocurriendo en el mundo de las cofradías. Es más, el comportamiento de gran parte de la comunidad de internautas cofrades ha dejado mucho que desear ante una situación en la que no se ha sabido estar a la altura y que expande una herida en el fino lienzo de la historia de la música procesional sevillana.

Las acusaciones sin filtro ante la falta de calidad musical y el comportamiento de los componentes de la formación han taladrado un ecosistema lleno de desconsideración y polarización que ha llegado a semejarse al que cada día muestran los medios nacionales. La herida abierta será difícil de cerrar en lo que creo que será el primer capítulo de la nueva crítica musical sin escrúpulos que ha nacido.