Con una nueva Semana Santa en el horizonte, en el que los momentos cofrades se vivirán dentro de los templos, nuestros sagrados titulares en su capilla magistralmente engalanada y con el cuidado del más mínimo detalle, recibirán cientos de visitas.
Podremos observar cómo los fieles ante el semblante de la imagen del Señor o su Santa Madre, casi a punto del sollozo realizarán sus peticiones y oraciones, quizás para que pronto llegue una nueva primavera, esta vez libre de una pandemia que empieza alargarse más de lo soportable;
Tal vez recuerden muchos de sus momentos como cofrades, el ambiente en las calles de esos días, o los sones de las marchas que acompañan los desfiles procesionales, la cera encendida o las humaredas de incienso, este año no escucharemos el sonido del llamador, el rachear de los costaleros, la voz del capataz ni las túnicas y capirotes bailar por nuestras calles, pero al menos podremos estar en la presencia de nuestras sagradas imágenes.
Pero este año seguirá siendo una Semana Santa diferente, y cuando vayamos a venerar a las Sagradas Imágenes, y llegue nuestra oportunidad de estar frente a Ellos, el Señor nos mirará y nos preguntará que ha cambiado en nosotros, si nuestro corazón sigue en el pasado, atrapado por la enfermedad del pecado o si estamos ante Él para tomar su cuerpo, vacuna que nos Salva.
Cuando el Señor nos mire y lo aceptemos, volverá la verdadera Semana Santa, cuando limpiemos nuestro corazón la Semana Santa que conocíamos volverá a recobrar la vida.





