Cada Domingo de Ramos, el Santísimo Cristo de las Penas procesiona por las calles cordobeses acompañado del llanto de Nuestra Señora y Madre de los Desamparados. Se trata de una dolorosa gubiada por el imaginero sevillano Antonio Eslava Rubio, la cual celebra este 2018 el cuarenta y cinco aniversario de su hechura y bendición. La imagen venía a acompañar al crucificado de las Penas, una imagen del siglo XIV que desde 1957 procesionaba en solitario.
La Virgen de los Desamparados fue bendecida el 17 de marzo de 1973 por, el entonces obispo de Córdoba, José María Cirarda Lachiondo. La imagen lucía un aro de estrellas realizado en alpaca por el orfebre sevillano Manuel de los Ríos. Pocos años después, la Iglesia de Santiago sufrió un devastador incendio en diciembre de 1979, provocando leves daños a la imagen. Este hecho obligó la restauración ejercida sobre la talla del imaginero sevillano Juan Ventura, discípulo de Francisco Buiza, concluyendo la intervención en febrero de 1980, donde, además de restaurar la imagen, procedió a la fijación total de la encarnadura.
Tras estos incidentes, la Virgen de los Dolores gozó de una coronación diocesana el 9 de marzo de 1980, en la Parroquia de San Pedro, la cual se llevó a cabo por el obispo José Antonio Infante Florido. En este entrañable acto, se le impuso a la dolorosa una corona de plata cincelada y sobredorada, sufragada por feligreses y hermanos, siendo obra de Manuel de los Ríos. Esta presea, de estética neobarroca, es con la que actualmente realiza estación de penitencia cada Domingo de Ramos.
Junto a la Virgen de los Desamparados, a los pies del Cristo de las Penas aparece San Juan Evangelista, el discípulo amado, cuya inclinación a la Virgen parece estar simulando una conversación entre ambos. Se trata de una imagen también obra de Antonio Eslava Rubio, tallada en 1978, por lo que en este 2018 cumple el cuarenta aniversario de su hechura. Al igual que la dolorosa, la talla de San Juan Evangelista tuvo que ser restaurada por Juan Ventura en 1980.

En 1979, la Virgen de los Desamparados y San Juan Evangelista estrenaron un paso de palio. Sin embargo, el incendio del templo de ese mismo año redujo a cenizas el paso de Cristo y los respiraderos del palio. La cofradía se trasladó entonces a la Parroquia de San Pedro, desde donde realizó, gracias al tremendo esfuerzo de sus hermanos, estación de penitencia en 1980. El paso de palio salió sin respiraderos, colocándose en su lugar unos paños de terciopelo negro recogido a modo de bambalinas, mientras que el Cristo fue llevado en una parihuela a hombros de los hermanos, prestada por la hermandad del Museo del Sevilla.
En 1982, el Señor de las Penas estrenaba paso, no siendo hasta 1985 cuando se estrene el frontal de los respiraderos del paso de palio. En ese mismo año, la Parroquia de San Pedro fue cerrada al culto por obras, trasladándose la cofradía a la Ermita de Nuestra Señora del Socorro hasta octubre de 1990, cuando pasa a la Iglesia del Carmen. Ya en Cuaresma de 1991, la Iglesia de Santiago reabría de nuevo sus puertas. Entre 1986 y 1990, la hermandad realizaba su estación de penitencia desde la casa del General Varela, sita en el Realejo.
Durante estos años de exilio, se incorporó a la hermandad la imagen de María Santísima de la Concepción. En 1987, realizó su primera estación de penitencia bajo el paso de palio, pasando nuevamente las imágenes de la Virgen de los Desamparados y San Juan Evangelista a los pies del Santísimo Cristo de las Penas, como continúa pasando a día de hoy.





