De escupitajos y diarreas

Hay quien habla de gamberros; yo les voy a hablar, de abogados, o de licenciados en derecho, incluso doctores en derecho; para algunos es lo mismo pero no lo es. He tenido la suerte de conocer muchos licenciados en derecho en mi vida, y a algunos he llegado a apreciarlos y quererlos por lo que valen. Carne de chistes como aquel: -Sabes lo que son dos mil abogados ahogados; no, pues un buen inicio. En justicia estos profesionales no son peores que la mayoría de los colectivos que conocemos. Hay gente buena, gente mala, gente tonta, y gente que siendo tonta son malos al mismo tiempo.

Dirán ustedes que a qué viene semejante disertación, incluyendo el mal chiste. Y es para que no hagan, como otras personas, generalizaciones. Hacer éso está feo, es de mala educación, y prueba que el individuo que las hace tiene unos prejuicios tan extendidos que suele hablar con poco propiedad o directamente deformando la realidad, lo que antes se decía en plata mintiendo.

Ser profesor de derecho constitucional y que te manden a Albania a reformar su sistema judicial, temo por los albaneses, no significa que seas más inteligente ni listo; tal como está la universidad española. En el estado de ésta institución tiene mucho que ver, como no, la idiocia rampante de muchos demagogos que hablan desde la libertad de cátedra y se atreven en las aulas, pobres alumnos, o en periódicos, digitales, etc. a soltar sus majaderías y quedarse tan ancho.

Este no es el caso del profesor de derecho constitucional de la Universidad de Sevilla señor Joaquín Urias, nuestro hombre que escribe en un medio tan serio y sensato como El Plural digital; medio fundado por el ínclito Enric Sopena periodista donde los haya que nunca fue acusado de sectario; nos ha abierto los ojos sobre lo sucedido en los incidentes de la pasada madrugá de la Semana Santa Sevillana. Quinito debe ser un ser ecuánime y siempre pondera sus opiniones, como buen constitucionalista, sólo un mal día; las diarreas sean de barriga o cerebrales siempre son dañinas, puede ser la excusa para llamar rancios bienpensantes a los miles de sevillanos que habían ido pacíficamente a acompañar a las imágenes que veneran, quieren y a las que oran; que estos miles de sevillanos se vieran sobresaltados por que un individuo al paso de la Virgen a voz en grito gritará Alah uk akbar; para Quinito, o su mal día, minucias de un extranjero que pudo tener sanas discrepancias con la procesión, o aun para más atenuante el buen hombre estaba bebido, o quería hacer una broma; es que los católicos somos así no tenemos sentido del humor; como bien muestra el profesor relatando como graciosos bromistas se supone que ateos o agnósticos, los cristianos no entendemos este singular sentido del humor, se reían de las personas que huían de las avalanchas que se produjeron. Olvida Joaquín que muchos padres y madres asustados por esos simpáticos y bromistas, que él trata de pequeños delincuentes, trataban de salvaguardar la integridad física de sus hijos, de unos menores que se vieron envueltos en una salvajada que nuestro profesor titular de derecho constitucional, o su mal día, tilda de carrerillas.

Siendo lo anterior de nota este preclaro adalid de nuestro tesoro universitario acaba su articulo queriendo escribir lo que le sale de las entrañas, suponemos que afectada por la diarrea que antes hemos mencionado, escupiendo que los cofrades se inventaron trolas, y que los “ rumores que se inventaba el público más temeroso de Dios fueron los que extendieron el miedo por la ciudad”, que los penitentes, los cristianos en general, fueron los auténticos gamberros de la noche, por intentar salvarse ante unos hechos, que ni son la primera vez que ocurren, y que pudieron haber sido tremendamente graves, evitándolo el buen hacer de las hermandades implicadas, de esos cofrades que tanto desprecia Urias, que lograron mantener el tipo y seguir, a pesar de todo, con el programa establecido.

Para el señor Urias estos cofrades son lo peor por convertir la Semana Santa en una festividad religiosa, pasmensen. Los mismos que desean organizar para mejor deleite de la ciudadanía la Semana más bella del año,; pues estos son los malvados. Terminado Urias diciendo que hay muchos gamberros en Sevilla pero que todos creen en Dios

Sabemos que estás expresiones de odio no serán sancionadas por nadie. El cofrade, y el cristiano en general, aguanta el tipo y se encomienda a sus creencias cuando se ve atacado y vilipendiado, somos tan “gamberros” que en nuestras oraciones podemos perdonar a tipos de la catadura moral de Urías, lo que él verá como debilidad es nuestra grandeza y lo que nos enseñó el Hijo del Hombre, ese al que damos culto por las calles de las madrugadas y que para desazón de los Urías del mundo seguiremos dando con bullas o sin bullas, a pesar de ciertos vivas extemporáneos, sin mirar a los graciosos gamberros que se intentan reír de nosotros pero que sólo muestran su ruindad humana, o de gacetilleros de tercera división, para más inri licenciados en derecho, que con cuatro letras quieren manchar lo que está muy por encima de éllos por que esas personas nunca han sabido lo que es la grandeza de una Fe, y la belleza de una devoción