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¿Deben las bandas renunciar a cobrar sus contratos tras la suspensión de las salidas procesionales?

Si hay un tema que va a generar polémica en los próximos meses en el orbe cofrade, cuando la emergencia sanitaria suscitada por el Coronavirus amaine hasta tal punto que los cofrades volvamos a poder centrarnos en aspectos secundarios, va a ser el tema del cobro de los contratos firmados entre bandas y Hermandades para esta Semana Santa. Acuérdense. 

Para abordar este tema, que ya les adelanto es harto complejo y puede encerrar tantas aristas como bandas y Hermandades existan, es muy conveniente dejar de lado particularidades y centrarse en la generalidad y en unos mínimos de coherencia, empatía y solidaridad. Es decir, en este artículo ni puedo ni quiero abordar cada variable de cada caso particular. Es imposible.

En primer lugar, hay que partir de una verdad irrefutable. Ni bandas ni Hermandades han buscado esta situación, sino que se han visto obligadas a afrontarla como causa de fuerza mayor. No pueden tener lugar las salidas procesionales. En definitiva, cualquier contrato de cara a un desfile procesional queda en la práctica sin valor alguno, por mucho que queramos retorcer determinadas cláusulas. Posturas extremistas quedan, a mi juicio, fuera de la mesa. Ha sucedido una tragedia que va a afectar a todo el mundo en mayor o menor medida.

Cada caso, como apuntaba anteriormente, es un mundo. Hay Hermandades que reciben subvenciones «millonarias» que, por ética, deberían abonar el 100% no solo a las bandas, sino a todos los artesanos que pudieran verse afectados por la situación; otras hermandades reciben subvenciones no tan millonarias, y ahí cambia el cuento. También hay bandas que reciben subvenciones de ayuntamientos, que no tienen por qué perjudicar la economía de las Hermandades que han depositado su confianza en sus servicios, unos servicios que no va a ser posible ofrecer. Los demás casos, que se sitúan en un intermedio entre ambos, van a depender de la buena fe mutua y la empatía. Las bandas tienen que pensar en la cantidad de dinero que una Cofradía está dejando de ingresar (papeletas de sitio, cuotas de hermanos que incluso se darán de baja -no descarten nada en esta situación-, tiendecitas de la Hermandad que no han abierto, cruces de mayo y casetas de feria que este año probablemente no reporten ni un solo euro, etc…), y las Hermandades tienen que pensar en el duro revés económico para cualquier formación musical que va a suponer esto, dado que la principal fuente de sus ingresos son las Cofradías penitenciales.

Hay varias bandas, especialmente municipales de música, que han optado por emitir comunicados oficiales anunciando que no exigirán cuantía alguna del cobro a las Hermandades con las que tenían contrato. Algo que ha sentado muy mal a otras que andan a vueltas con este tema con sus respectivas Cofradías, luchando, en ocasiones, por la propia existencia de la formación musical puesta en tela de juicio en estos momentos. Yo en estos casos, llámenme clasista, soy partidario de que la mano izquierda no sepa lo que ha hecho la derecha. Cualquier Hermandad va a agradecer que su banda no exija el pago del contrato, igual que cualquier banda va a agradecer que su Hermandad tenga un gesto en forma de aporte económico con ella. Y vuelvo a aludir a la empatía a la que apuntaba anteriormente. ¿De qué sirve un comunicado en estas circunstancias? ¿Para que lo sepa el gran público? ¿No es suficiente acordar lo que corresponda con la Hermandad y guardar un prudente silencio para que otras formaciones no se vean afectadas por el acuerdo privado entre las partes? 

¿Y en el caso de que no sea posible alcanzar este acuerdo entre la banda y la Hermandad? Dejando claro que mi conocimiento del ámbito judicial es nulo, consideraría un craso error tratar de solventar esta diatriba mediante juicios. Exigir mediante abogados cobros totales de un contrato que no puede cumplirse de ninguna manera humana, debido a las restricciones de movimiento establecidas y de concentración de personas, es algo que además de resultar poco decoroso en el ámbito que estamos puede llegar a ser poco práctico, debido a los costes de pagar los servicios de un abogado y otros trámites judiciales.

No me imagino a ningún juez exigiendo el ingreso de un contrato que no puede cumplirse de ninguna forma, qué quieren que les diga. Cabe recordar, en este sentido, que el artículo 1105 del Código Civil, al regular la fuerza mayor precisa que “fuera de los casos expresamente mencionados en la ley, y de los en que así lo declare la obligación, nadie responderá de aquellos sucesos que no hubieran podido preverse, o que, previstos, fueran inevitables.”

En consecuencia, las formas mediante las que se solvente esta controversia van a ser absolutamente clave. Hay formas de llegar a acuerdos intermedios, que perjudiquen lo menos posible a ambas partes, pero no cabe otro medio que con un talante adecuado, olvidando posiciones extremistas o amenazas con abogados o similar.

Me parecería mal que las Hermandades dejaran sin un solo céntimo a las bandas, igual que me parece mal que las bandas exijan de malas maneras la totalidad de un contrato, agarrándose a la redacción del mismo, aunque sea renunciando al coste correspondiente al transporte. Por cierto, ¿las bandas que cobren su contrato integramente, abonarán el coste de los mencionados transportes? No conviene olvidar que los transportistas están en una situación similar: han perdido un ingreso con el contaban. 

Debe existir alguna solución intermedia, hay muchas posibilidades, y solo hay que estudiarlas con buena fe. Todas ellas deben partir de un principio básico, ya lo comenté en otro artículo, la honestidad. Creo que lo más sensato es que las bandas echen cuentas de lo que necesitan para, estrictamente, sobrevivir. Es decir, no contemos otro tipo de proyectos que son prescindibles. Si a medio plazo hay que dejar de grabar ese disco que estaba previsto, no pasa nada; ahora hay asuntos prioritarios. De lo que necesiten, dividir las peticiones a las Hermandades de forma justa, y que estas afronten el pago acordado como respeto por la música y por el trabajo de todos y cada uno de los músicos de una banda durante todo el año. Otras soluciones creativas como organizar certámenes cuyo beneficio redunde íntegramente en las bandas bien podrían ser formas originales de solventar el tema, al menos parcialmente.

Hay una verdad dolorosa que, no por ello, deja de ser cierta. Las deudas de cualquier entidad, ya sea un taller artesanal como orfebres, bordadores, doradores, imagineros, floristas o cereros, no tienen por qué ser rescatadas por las Hermandades, siempre y cuando la deuda adquirida no esté relacionada con ellas. Por ejemplo, si un tallista adquiere las maderas para realizar un paso para una Cofradía, escapa de toda duda que es un pago a afrontar por parte de la Hermandad sí o sí. Pero no deja de ser menos cierto que las Hermandades no pueden dejar en una situación de desamparo absoluto a las formaciones musicales que dan lustre a las respectivas salidas procesionales. No pueden quedar abocadas a ensayar en la calle o directamente a su desaparición. La música procesional de una banda es un elemento más de aderezo de un desfile procesional, y cualquier entidad religiosa que, además, se ve beneficiada de su trabajo de todo un año, no puede dejarlas huérfanas a expensas de una renovación para el próximo año. Necesitan más apoyo que nunca ahora.

Presagio que va a ser un año de cambio de bandas intenso por los motivos anteriormente apuntados. Y ni en esta supuesta situación tendría lógica el asunto, ya que solo se van a mover las bandas que han roto relaciones con Hermandades con las que no han conseguido llegar a un acuerdo, por lo que terminarían moviéndose como en el juego de la silla, y viniendo a desembarcar en otra Hermandad que tampoco se ha puesto de acuerdo con una banda en este tema.

En definitiva, la situación excepcional que estamos viviendo exige soluciones igualmente excepcionales, probablemente únicas e intransferibles en cada caso concreto. Por una vez, dejemos de arrimar el ascua a nuestra sardina y pensemos en el bien común de las salidas procesionales de Semana Santa. Sería muy triste que por la falta de empatía bandas que llevan años esforzándose y al pie de cañón por Hermandades se vieran obligadas a desaparecer. Evitemos, entre todos, que esta crisis cause estragos en algo tan bonito como la música procesional. 

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