Andalucía, El Capirote, Opinión

Después

Asistimos a una proliferación de salidas extraordinarias que nunca antes habíamos visto. Cada ciudad, pueblo, por uno u otro motivo decide realizar una procesión magna con imágenes de su localidad, suponiendo para el entorno una inyección económica importante debido a la afluencia de público. Establecimientos hoteles llenos hasta la bandera, restaurantes que no pueden hacer frente a la demanda y calles por las que apenas puede uno circular.

Cuando en otros tiempos efemérides más importantes habrían requerido de un nutrido programa de actos y cultos coronado por eventos de estas características, ahora sabemos que son un éxito asegurado de público y nos lanzamos a organizar por decenas de distintos motivos –cada uno igual de respetable–, porque en este u otro sitio han supuesto un beneficio económico nada desdeñable.

Este tipo de acontecimientos nos ayuda a conocer cómo se vive la religiosidad popular en otras zonas. E incluso son una puerta abierta al patrimonio local más allá del religioso. Porque el visitante puede conocer la historia o la cultura en otras de sus múltiples vertientes. A pesar de todo ello, las procesiones magnas, al igual que las extraordinarias o las marcadas en sus reglas, no deben olvidar el componente evangelizador que tienen. Escribir una publicación o recogerlo en la papeleta de sitio poco valor tiene si después no se analizan sus resultados. ¿Qué se ha conseguido con una procesión magna? ¿Cuáles son los frutos cosechados después de una extraordinaria? ¿Hemos mejorado como creyentes? ¿Y a nivel personal? ¿Asistimos a este tipo de manifestaciones religiosas solo para ser vistos? ¿Tomamos móvil en mano y subimos fotografías solo para que los demás vean que hemos formado parte de un capítulo histórico para los anales de la ciudad?

El análisis del día después es el gran olvidado de los magnos acontecimientos –y hasta de cualquiera–. Mucho se escribe sobre la organización, las imágenes o las bandas, poco o más bien nada, encuentra uno sobre los frutos cosechados, excepto los miles de euros que ha dejado este evento. ¿Dónde queda el componente religioso? ¿Has observado en ti, lector, una profunda transformación tras haber acudido a alguna de ellas?