¡Cómo recoger en cinco días veinticinco años de devoción, de ilusión, de amor, de rezos y desvelos a la Madre del Divino Pastor!
¡Cómo condensar en un solo corazón los sentimientos de los corazones pastoreños!
¡Cómo resumir en unas torpes palabras todo lo vivido en los actos del XXV Aniversario de la Refundación del Redil Eucarístico de la Divina Pastora de las Almas!
Andalucía es Tierra de María, la Madre de Dios. Muchas son las advocaciones y devociones con las que los cristianos dirigimos nuestras plegarias a la Virgen. Y muchos son los puntos en el orbe a los que estas devociones nacidas en el sur de España llegan.

Una de las devociones marianas que traspasan fronteras terrenales y temporales, surgida en nuestra Tierra, hace ya más de tres siglos y que apacienta a sus hijos por toda la geografía nacional, alcanzando lugares tan remotos como Venezuela, Cuba, Guatemala o Filipinas, es la surgida de la ensoñación de Fray Isidoro de Sevilla.
Y en Córdoba tenía que ser, en la Casa de los Capuchinos, guardianes de la Reina y Señora de sus oraciones, donde la devoción pastoreña afianzó su risco para que la Divina Pastora extendiera su mano sobre la frente esa oveja que todo pastoreño anhela ser.
Es una verdad universal ésa que sentencia que no debemos olvidar nunca nuestra Historia, para no recaer en errores pasados; pero en esta etapa de la vida del Redil Eucarístico se trata de eso… el pasado. Pues la devoción pastoreña resurgió vívida y bien apoyada en un bello cayado para hacer crecer un redil que vive por su Pastora.
Fray Ricardo, el siempre añorado capuchino, quien -como recordó el pasado sábado Alfonso Muñoz Rodríguez en su genial pregón- «en lo que era bueno, era el mejor… y en lo que no era tan bueno, era Fray Ricardo»… decía, Fray Ricardo tuvo una nueva ensoñación que se tomó como un compromiso de vida: que la Divina Pastora volviera a apacentar su redil cordobés.
Veinticinco años desde que comenzó esa tarea, esa labor en la que demostró ser el mejor. Veinticinco años hace que puso a caminar un nuevo rebaño de jóvenes y cofrades experimentados, pero todos movidos por la devoción y el amor a la Pastora.
Veinticinco años es ocasión más que justificada para celebrar una nueva Historia. Y para ello, la Junta de Gobierno del Redil Eucarístico ha querido organizar una serie de actos que sirvan de punto de referencia en este devenir histórico de la devoción capuchina y pastoreña.
El resultado de todo este esfuerzo: cinco días de bancas repletas en el Santo Ángel; cinco días de participación de pastoreños; cinco días de comunión con la Comunidad Capuchina; cinco días de saber hacer y saber amar. Y todo ello en un momento para grabar en los corazones para siempre.
Desde la cuidadísima composición del Altar, con la Divina Pastora cerca de las almas de aquéllos a los que apacienta, hasta la elección de predicadores y acompañamientos musicales, pasando por la atenta y no siempre fácil organización protocolaria, los miembros del Redil Eucarístico han puesto todo su amor y sentimiento en unos días de fiesta alrededor de la Divina Pastora.
Así quedó nuevamente reflejado en el rezo del Santo Rosario por las calles de la feligresía de San Miguel que rodean Capuchinos. Acompañando el majestuoso y bendito Simpecado; ése que es adornado con multitud de estrellas que representan las almas de muchos niños pastoreños.
Y así quedó también plasmado en el Pregón declamado por el ya mencionado Alfonso Manuel Muñoz Rodríguez. Un pregón lleno de anécdotas, recuerdos, vivencias e ilusiones que se han ido atesorando en el corazón de quien era un joven cuando Fray Ricardo lo llamó para formar parte del incipiente rebaño. Un pregón que llenó algunos ojos de lágrimas de emoción al revivir momentos, personas, dificultades y triunfos, cada uno de los pasos que han ido conformando la vida de este Redil refundado.
Y como colofón a los actos de este Aniversario de Plata, la Función Principal presidida por el Pastor de la Iglesia cordobesa, el Ilmo. Sr. Obispo de la Diócesis.
D. Demetrio Fernández supo tocar una vez más el corazón de quienes llenaban la iglesia del Convento Capuchino en una tarde calurosa de abril. Palabras que nos mostraron la Divinidad de la Pastora no como diosa, sino como la Madre de Dios, la mujer que tuvo en su seno al Divino Pastorcito. Palabras que alentaron a todos a permanecer cerca de Ella y a hacerla el centro de nuestras oraciones y plegarias.
Y palabras que fueron correspondidas con un sentido agradecimiento por parte de la Hermana Mayor del Redil, Inmaculada Luque, en nombre de todos y cada uno de quienes nos sentimos pastoreños, al hacerle entrega de unos presentes para que nunca se olvide de estas almas que rezan, presentes en forma de vivencias de las que se quedan para siempre.
Y le entregó una siesta bajo el granado en el huerto capuchino, o un paseo con una charla junto a Fray Fernando por los jardines del convento. O el sábado más bonito del año cuando los pastoreños comparten un desayuno con los frailes capuchinos a la espera ansiada de ver salir a la Divina Pastora por las calles… o el soniquete del timbre del convento; ese timbre que suena cada vez que alguien busca paliar una necesidad y cobijo para el alma sabiendo que, en ningún lugar como éste, el alma será reconfortada… como si estuviese en el aprisco celestial y eterno.
Enhorabuena al Redil Eucarístico. Felicidades a la Comunidad Capuchina. Por lo vivido en este cuarto de siglo y por el sincero convencimiento en que este tiempo será sólo una pequeña porción de la fuerza y enraizamiento que la devoción Pastoreña va ganando en nuestros corazones.
Con sombrero o sin sombrero, coronada como Reina o como Pastora de las Almas, sola en su risco o junto a Divino Pastorcito… sin saber si dirigir la mirada a la mano que sostiene el cayado o a la mano que quiere posarse en la cabeza del cordero. De azul, oro, marfil o blanco… Tan Pastora y tan cercana, al mirarte a los ojos sólo pueden brotar unas palabras del corazón de un pastoreño…
SALVE, PASTORA QUERIDA…





