Extracto del Pregón de la Semana Santa de Sevilla
Don Antonio Murciano González. Año del Señor 2005
Presentamos el primero de trozos de pregones que iremos desgranando durante toda la Cuaresma para vivir, con más profundidad si cabe, la Pasión del Señor.
Hemos recopilado en este Miércoles de Ceniza un fragmento del magnífico texto elaborado por el poeta y flamencólogo gaditano Antonio Murciano González, quien sorprendió a toda Sevilla con un Pregón completamente en verso.
Capítulo III: Sagrada Cena. Institución y Canto a la Eucaristía
La verdad es que a veces me pregunto –a veces no, constantemente– cómo teniendo la andadura de palomo al corazón llegabas siempre en punto.
La verdad es que a veces vengo junto del hondo pozo que eres y me asomo y por mucho trabajo que me tomo jamás descubro el fondo del asunto.
Asunto: Dios y su alto ministerio Sagrada Cena. Paso de misterio. Explícate Señor. Y Tú callabas.
¿Cómo hiciste del pan cuerpo divino y del vino tu sangre, si gustabas de llamar al pan pan y al vino vino?
Todo fue así; tu voz, tu dulce aliento sobre un trozo de pan que bendijiste, que en humildad partiste y repartiste haciendo despedida y testamento.
“Así mi cuerpo os doy por alimento” ¡qué prodigio de amor, porque quisiste diste tu carne al pan y te nos diste Dios en el trigo para Sacramento!
(Sevilla sueña ser patena viva para esa alondra que le nace al alba, de vuelo siempre y a la par cautiva.)
Hostia de nieve, nardo, maná, fuente, gota de luna que ilumina y salva. Y todo ocurrió así: sencillamente.
Sencillamente. Hora de paz. ¡Qué leves tus manos para el pan, para el amigo! Cena de doce y Dios. Sagrado jueves.
Y era en Jerusalén la primavera. Y era blanco milagro ya aquél trigo. Sencillamente: “Esto es mi cuerpo”. Y era.
Y serás y eras y eres hostia pura, carne y sangre de Dios, cáliz, rocío, capullo de azahar, concha de río, orbe de nata, anillo de ventura.
Pequeño sol de Dios, espiga, anhelo, redonda flor de sueños tan completa, panderito de harina del poeta, moneda tú con que comprar el cielo.
Verso vivo, Jesús, verbo humanado. Hostia digo y los labios me floreces. ¿De qué blanco trigal sacramentado?
No comprendo, Señor. Y tú, con creces, te nos repartes pan multiplicado. ¡Multiplica mis panes y mis peces!
Se alejó hermoso el Paso en la Carrera y Él se quedó, paloma mensajera, botoncito de cisne levantado, ojo que vela, lágrima que salva.
Y sobre el mundo fue la primavera y aquí en Sevilla un ángel engloriado pobló del azahar el alba malva.
Texto: Antonio Murciano.
Fotografía: Alejandro Sigüenza.
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