Sonidos de oro contra el escaparate mediático
Cualquier tiempo pasado sí fue mejor en la música procesional de Sevilla, porque la autenticidad de los noventa jamás podrá ser replicada por la fría perfección de la era digital. Quien pretenda negar que las bandas de cornetas y tambores y las agrupaciones musicales alcanzaron su verdadera edad de oro en la última década del siglo XX, confunde la afinación milimétrica con el alma. Vivimos en una época de macroformaciones impecables y partituras que rozan lo sinfónico, pero en el camino se ha sacrificado la mística y la pureza de una afición que nació del barro y de la devoción sin condiciones.
De la trinchera al macroconcierto
- El número de músicos: En los años 90, una formación musical ponía en la calle a unos 60 u 80 componentes de media; hoy, las bandas parecen ejércitos que superan con creces el centenar de instrumentos. Aquella Sevilla de los noventa no necesitaba volumen masivo para conmover, porque la fuerza residía en el pellizco y la personalidad única de cada uniforme.
- El espíritu altruista: Los directores e integrantes de los noventa eran auténticos románticos que ensayaban pasando frío en solares abandonados, bajo los puentes o en los polígonos de la periferia. No se cobraban las cifras astronómicas de los contratos actuales; se tocaba por amor propio, por la Hermandad, por el barrio y por orgullo cofrade. Los directores eran líderes naturales y autodidactas, no gestores de marcas comerciales.
La pantalla devoró la tertulia
- Las redes sociales: La magia de la Semana Santa se sustentaba en el misterio. El repertorio musical de una banda se descubría en la propia calle o comprando la cinta de casete en tiendas locales. Hoy, las redes sociales han convertido la música en un escaparate constante de egos, directos de ensayos falsos y adelantos en YouTube que arruinan la sorpresa del Domingo de Ramos.
- Las tertulias de la tele local: La Sevilla cofrade de los noventa se nutría del debate encendido y pasional de los programas locales de televisión (como los míticos espacios de Giralda Televisión o Tele Sevilla). Eran discusiones de barra de bar trasladadas al plató, donde expertos y aficionados defendían con vehemencia el estilo clásico frente a las primeras innovaciones. Esa crítica constructiva y espontánea ha sido sustituida por el salseo de las plataformas y el postureo de los «influencers» cofrades.
El alma frente a la técnica
Las agrupaciones musicales y las bandas de cornetas de hoy suenan perfectas. Es innegable. Pero es una perfección clínica, de conservatorio, que a menudo carece de la vibración humana que te erizaba la piel en una revirá nocturna hace treinta años. Aquellos soplidos imperfectos de los noventa llevaban dentro la verdad de una Sevilla que ya no existe. Ganamos en técnica, pero perdimos el alma…





